"Holocausto" #11 "A partir de cierto punto no hay retorno"
Prometi que no pasaría de esta semana y aquí está el siguiente capítulo de mi fic. Siento la tardanza, muchas cosas han pasado estas semanas... Más que nada escuela. De hecho tengo más examenes todavía el martes. Pero bueno...
Espero que les guste el capítulo. Me esforcé escribiendolo porque dejarlo por tres semanas a sido... horrible xD
Pero bueno...
Me voy porque es tarde xD ¡Hasta luego!
Espero q sigan pasandose y siento mucho la tardanza, de veras.
"Holocausto"
"A partir de cierto punto no hay retorno"
Continuaba lloviendo. Alex nos guió a casa de los Cullen con Sarah al volante de su auto. Aparentemente Alex había llegado corriendo bajo la lluvia. Esperaba que no se enfermara.
Atravesar del auto hacia la puerta principal, terminando empapamos los tres.
-¿Cómo sabes que vino aquí?
-Dijo que-titubeo y reflexionó lo que iba a decirme-, tenía que arreglar algo con Edward Cullen.
-Vaya, ¿qué hace Luca aquí?-pregunté a Alex.
-¡Pelar, ya te lo dije!-comenzábamos a desesperarnos-¡Arreglar cuentas!
-¡Te estoy preguntando la razón!-Llamé a la puerta.
-¡No creo que pueda decirte!
-¡¿Entonces para que me trajiste?!-pregunté irritada porque no abrían.
-¡Para que los detengas!
-¡Por Dios Alex!-lo miré de mala gana y volví a insistir.
Nada.
-¡No responden!
Entonces escuchamos un estruendo como si un rayo hubiera alcanzado un árbol y éste se quebrara. Los tres corrimos por entre los arboles a la parte trasera de la casa. Y a través de la cortina de lluvia, a varios metros frente a nosotros, en el centro del patio, notamos dos figuras de pie una frente a la otra separados uno par de metros.
Entrecerré los ojos para agudizar la vista, una de las figuras era más alta y claramente más fuerte que la otra. Estaba segura de que ese era Luca, aunque se encontraba levemente agachado. Sin embargo me percate de que su mano izquierda estaba sobre su otro brazo, mientras su pecho subía y bajaba agitado, su boca estaba abierta y su mirada estaba llena de veneno. Mientras que la otra figura, supuse que se trataba de Edward, parecía tranquilo y lo único que hacía era estar de pie, mirando fijamente a Luca.
-¿Luca?-preguntó Sarah en voz queda, prácticamente para ella misma; pero Luca miró en nuestra dirección y al divisarla se irguió. Luca miró a Edward que parecía un gato sin moverse esperando el primer ataque de su adversario. Mi fuerte amigo volvió a mirarnos y entonces caminó en nuestra dirección. A mi apenas me hizo caso alguno pasando por uno de mis costados. También ignoró a Alex.
-No deberías estar así y bajo la lluvia-le gritó Luca a Sarah, pero no la estaba reprimiendo, más bien sonaba protector.
Los miré un momento. Luca atrajo a Sarah a su cuerpo, rodeándola por los hombros con uno de sus brazos y la llevo hacia la casa.
Mire de nuevo hacia donde Edward se encontraba y me percate de que me miraba fijamente desde su lugar. A pesar de lo poco que la lluvia me dejaba ver, su mirada penetró en la mía provocando que la piel de mis manos y mi rostro se volviera más sensible ante las gotas heladas de lluvia.
Momentos después caminó hacia mi. Me quedé paralizada.
-Tú también enfermaras-su voz era profunda y, aunque empapaba mi cuerpo de ansiedad al igual que las gotas, también me llenaba de una extraña calidez.
-¿Qué sucedió Edward?-apenas escuche mi voz.
-Vamos los tres adentro-indicó. Casi olvidaba que Alex seguía ahí.
Lo miré, estaba de pie, derecho, mirando a Edward con la misma mirada envenenada que Luca le había lanzado hacía poco.
-Alex, ve dentro-le ordené. Él desvió la mirada hacia mí, que cambio totalmente.
-Pero Cam.-Antes de que continuara protestando señale la casa sin necesidad de decir palabra y él avanzó segundos después dando zancadas de frustración, refunfuñando algo que en realidad ignoré. Me volví para mirar a Edward.
-Vamos tras él.
-No-dije-. Primero explícame qué fue lo que sucedió.
-Pelamos-explicó sencillamente. Rodeé los ojos.
-Eso ya lo sé. Quiero saber la razón.
Edward se mantuvo callado, pensativo. Me observaba como si tratara de adivinar las salidas más fiables para no responder mi pregunta. Algo me decía que si me quedaba callada iba a lograrlo.
-Ni lo intentes-dije de inmediato.
-Vamos adentro-siguió su camino sin esperarme.
-Cobarde, ¿porqué huyes?-caminaba detrás de él.
-No estoy huyendo-me miró por sobre su hombro.
-Sí lo haces. No respondes a mis preguntas y cambias el tema.
Se detuvo adusto, de tal manera que casi choqué con él.
-Escucha Camille-me miró directamente y, aunque sabía que estaba irritado, su rostro permanecía relajado-. Lo que hayamos estado haciendo o no, no es de tu incumbencia. No sé por qué razón te encuentras aquí.
-¡Él es mi amigo!-yo no me iba a guardar la rabia.
-Eres su amiga, no su madre. ¿Viniste a resolver sus problemas? Creo que es bastante maduro para hacerlo por su cuenta.
-¡Edward, exijo saber qué paso!
Él rodó los ojos y volvió a caminar. Tuve que seguirlo, pero no acaba de entender qué había ocurrido.
-¡Edward!
Entramos por la puerta de la cocina. Luca estaba ahí con Sarah que le revisaba el brazo derecho. Ambos estaban empapados como Alex que estaba recargado en la pared de la cocina.
-Estoy bien preciosa-Luca mostraba una sonrisa divertida.
-Solo quiero asegurarme-Sarah parecía muy entretenida.
Ambos se veían muy bien juntos. Parecían una pareja que había compartido mucho durante muchos años.
Mire de reojo Edward. Poco se concentró en la parejita y entonces miró a Alex que hacía un momento estaba relajado contra la pared y de repente adoptó una postura firme.
-Ay Alex-dije con pesar y él apenas desvió la mirada desde Edward hacia mí-estás empapado.
-Estoy bien-dijo y sin despegar la mirada de Edward que fue el siguiente en hablar.
-Vengan, les prestaré algo de ropa-y atravesó la cocina en dirección al área principal donde las escaleras al siguiente piso comenzaban sin siquiera esperar una respuesta.
-No-contesto Alex tajante pero Luca lo reprimió.
-Ve tras él, Alex-fue como una especie de orden que el interpelado no pudo rechazar y cual soldado marchó tras Edward.
Luca volvió la vista a Sarah que terminaba de examinarlo y él volvía a mostrar una tierna sonrisa. ¿Cómo controlaba tan bien los cambios de ánimo?
-Tú también deberías ir-me dijo Luca levantándose y tomando la mano de Sarah.
-Creí que te cae mal.
-Me disgusta en efecto. Pero no puedo dejar que ni tú ni Sarah, así como Alex, se enfermen-hubo una pausa en la que pareció recapacitar algo de lo que había dicho-. No importa. Vamos.
Quise preguntarle en qué se había equivocado, o qué era lo que iba a corregir, pero no fue posible.
Me encontraba subiendo las escaleras con Sarah siguiéndome los pasos y Luca detrás de ella. El lugar era hermoso, ordenado y todo muy limpio, como si apenas usaran los objetos presentes.
Cuando llegué al primero escalón y miré a un costado, Edward estaba de pie con prendas de ropa sobre los brazos. Como si de alguna especie de mayordomo se tratara.
Los tres nos acercamos a él y este extendió uno de los brazos en dirección a Luca. Tenía unos jeans y una playera blanca.
-Tu complexión es más parecida a la de Emmett, así que toma su ropa, te puedes cambiar en mi habitación. Alex está ahí-dijo y señalo una de las habitaciones.
Luca tomó la ropa y espero.
-Tomen-dijo y nos tendió el otro brazo donde tenía un par de blusas de color rosa y otra de color blanco, además de dos faldas negras. Las tomé.
Genial, pensé de mala gana, amo las faldas. Entonces Edward centró su mirada en la mía.
-Si algo no les gusta háganmelo saber.
-Todo está perfecto-mentí con una sonrisa; que falsa era.
-Claramente-musito y yo, ignorándolo, continué hablando. Comenzaba a sentir que leía los pensamientos.
-¿Dónde nos cambiamos nosotras?
Edward señaló otra habitación y Sarah y yo nos dirigimos. Luca caminó tras nosotras y entró a la habitación donde Alex se encontraba. Miré detrás de mi antes de entrar. Edward simplemente se quedó observándonos.
La habitación, estuve segura desde el principio, era la de Alice.
-Se ven muy bien juntos, ¿no?-comentó Sarah mientras observaba una de las tantas fotografías que había adornando la habitación. En todas Jasper y Alice formaban una pareja hermosa, a pesar de que Jasper no mostraba una enorme sonrisa como lo hacía Alice, se notaba en sus ojos un brillo lleno de amor por ella. ¿Qué, iba yo a sentir envida por eso? No, yo no. Deje las prendas sobre la cama y miré a Sarah.
-Pues...-parecía que ella no había dicho aquello con honesta felicidad-¿a ti qué te parece?
-Son la pareja perfecta-dijo y dejó de ver la fotografía para retirarse la blusa que llevaba. Desvié mi mirada enseguida, le di la espalda y la imité.
-Pensé que tu y Luca eran la pareja perfecta-. Escuché una risita antes de que terminara la frase.
-¿Qué ocurre Cammy?-Sarah habló en un tono divertido y, advertí yo, de cierta manera pícaro.-¿Nunca has visto a otra chica en interiores?-esta vez escuche su voz más cerca. Esto no me estaba gustando nada.
-No en realidad. Creo que más bien es algo privado. ¿No te parece?-espera que entendiera que necesitaba que se alejara, que me diera mi espacio y que no me mirara para nada. Pero su contestación fue:
-Nunca me lo ha parecido-fue un susurro cerca de mi oreja. Noté entonces que sus manos estaban alrededor de mi cintura.
-Sarah-la voz me tembló por el nerviosismo provocado por el mido de lo que ignoraba-¿qué demonios haces?
-¿Tienes miedo?
Tuve unas ganas enormes de gritar, pero en su lugar me aparte con brusquedad, empujando sus manos y mirándola al girarme. Sentí una mirada pesada detrás de mi, donde estaba a puerta. Miré y me encontré con Alex que tenía la boca abierta y los ojos como platos.
-¿Qué iban a hacer?-fue un susurro lo que salió de la boca de Alex.
-¡Nada!-me apresuré a decir-Alex, Sarah y yo no íbamos a hacer nada, ¿verdad?-la miré detrás de mi pero ella tenía las manos en el estomago y reía entre dientes. Muy divertida-¡Sarah!
-Lo siento-habló entre risas-es que debiste ver tu cara, sin mencionar la de Alex.
-¡Tonta!-tome un par de prendas de la cama y salí al pasillo casi empujando a Alex al pasar, aunque fue como empujar una pared. Caminé un par de puertas hasta entrar a la primera que me dio confianza. Azoté la puerta detrás de mí y deposite la ropa en un sofá de cuero negro que estaba muy bien colocado en la habitación.
Miré la ropa. Por las prisas tomé la camisa de nylon blanca, parecía ejecutiva de mangas cortas. La falda era negra, lisa y corta. Un listón del mismo color asemejaba a un cinturón grueso rodeando la prenda.
Me deshice de mi ropa quedándome en interiores. Boté los calcetines dentro de los húmedos tennis junto la bola de ropa que estaba en el piso. Tome la camisa y me la coloqué para hacer lo mismo con la falda después. De no ser por el enmarañado cabello que traía en ese momento, debía de verme como toda una ejecutiva ó en su defecto como una muy responsable secretaria. No, seguramente no era como yo creía porque también noté que la falda me quedaba justo a la altura de las rodillas y la camisa se holgaba a la altura del pecho. Seguramente la ropa era de Rosalie. La rubia despampanante de largas piernas y que seguro llenaba la camisa con lo necesario.
Busqué algún espejo. Miré a mi alrededor pero con lo único que me encontré fueron unos ojos serios y oscuros.
-¡Edward!-me quedé paralizada-¿Desde cuándo estas ahí?
Él estaba de pie debajo del marco de la puerta, con la mano reposando sobre la manija.
-Lo suficiente-pensé que se estaba burlando pero su rostro se mantenía serio ante sus palabras.
-No puede ser-enrojecí por la pena. Entonces escuché su risa llenando la habitación aún cuando su risa parecía un murmullo.
-¡No le veo la gracia!
-Yo sí-dijo aún sonriente-. Estas en mi habitación.
-¿Tú habitación?-miré alrededor. Lo único que pude ver además del sofá de cuero negro, era una colección de CDs sobre estantes que cubrían la pared opuesta a la de los enormes ventanales que daban al rio Sol Duc, un sofisticado aparato de música en uno de los rincones y una gruesa alfombra de tonos dorados que cubría el suelo. Pero... ¿y la cama?
Antes de que pudiera decir algo él continuó luego de aclarar su garganta y su sonrisa desapareció.
-Sí, eso dije-me miró de pies a cabeza-. ¿Nunca has pensado que te queda mejor ese tipo de atuendos o el vestido que usaste en la fiesta que los jeans, blusas y tennis que usas en el colegio?
-¿Me estudias todos los días o algo por el estilo?-contesté molesta y con las manos echas puño sobre mi cintura.
-No soy el único, estás en la mente de muchos-. No supe si sentirme alagada y ruborizada, o molesta y asustada a causa tono en que dijo aquello.
-Como sea-me obligué a hablar-no me interesa lucir bien para los demás, sino sentirme cómoda.
-Y en exceso cómoda-me criticó.
-Edward, lárgate.
-Esta es mi habitación-sonrió arrogante y se cruzo de brazos recargándose a un costado, sobre el marco de la puerta.
-Eres tan molesto como Luca-musité y entonces tome mi ropa mojada-. Bien-no le di oportunidad de replicar lo que dije-, entonces me voy yo-. Avancé hacia él, por un momento pensé que no iba a moverse pero cuando estuve muy cerca dio un paso para permitirme la salida.
-Como quieras. Puedes salir descalza, seguro las piedras y la tierra se divertirán mucho con tu andar.
Edward era en definitiva un idiota. "Las piedras y la tierra se divertirán..." que va.
Baje las escaleras rápidamente y me dirigí a la puerta principal.
-Oye ¿a dónde vas?-dijo Alex que parecía estar muy cómodo sobre un sofá.
-Me voy-dije al pasar.
-¿Con esta lluvia?-se incorporó de un movimiento y me siguió.
-Aja...
Abrí la puerta y me encontré con una cortina de lluvia, ni siquiera pude dar un paso afuera porque Alex me tomó del brazo.
-No puede ser.
-Sí, ¿no es una lástima?-no era la voz de Alex la que estaba detrás de mí, era Edward-Hubiese sido cómico verte caminar sobre las piedras.
-¿Cómo...?-miré el tramo que había recorrido; incluso Alex había hecho ruido al caminar, pero de Edward no había escuchado ni un solo paso. ¿Y como había hecho para llegar tan rápido a mi, antes que Alex y sin correr?
Miré a Alex que observaba a Edward un poco molesto y un poco de sorpresa en sus ojos. Como si tampoco creyera lo que acaba de pensar, aunque con la diferencia de que tal vez él si había visto los, seguramente, agiles movimientos de Edward al avanzar hacia mi y detenerme. Entonces noté que seguía sosteniendo mi brazo y me solté de él.
-Temo que tendrán que quedarse-dijo Edward.
-No esperas que...-Alex habló entre dientes.
-Nos quedaremos hasta que la lluvia mengüe Alex-la voz de Luca ordenó a Alex desde la escalera. Sarah venía a su lado, tomados de las manos. Edward lo miró.
-Pero Luca...
-Obedece-aunque por la mirada que Luca le lanzaba a Edward, tampoco parecía muy contento de quedarse en la casa, sin mencionar que yo sentía que me estaba perdiendo de algo. Algo que solo ellos dos comprendían. Como si mantuvieran una conversación entre ellos sin tener que mover los labios-. Y contrólate. Ve a recostarte a alguno sofá y no molestes.
Alex miro de nuevo a Edward que le sostenía la mirada a Luca y después regresó al sofá en el que había estado.
Miré a Sarah. Ella observaba a su novio (supuse que ahora era su novio) que no dejaba de entablar una silenciosa conversación con Edward.
¿Pero qué pasa?, pensé bastante confundida, incluso trate de llamar la atención de Sarah con una mirada a ver si ella podía explicarme pero no sucedió nada.
Edward desvió la mirada hacia mí de nuevo.
-¿Tienes hambre?
¿Qué tenía que ver eso con lo que acababa de suceder? Miré de nuevo a Sarah y a Luca que ya estaban de camino hacía el mismo sitio donde Alex se encontraba. Solo logré notar que Sarah nos miro por encima de su hombro unos instantes antes de desaparecer por el marco de la sala con su novio.
-Camille-Edward atrajo mi atención inclinando un poco su cabeza en mi dirección. Volví la mirada y me lo encontré muy cerca. Sentí que los brazos se me pegaban al cuerpo por enfrente del pecho como reacción para evitar una especie de shock. Ni siquiera me di cuenta de cuando solté mis cosas.
Edward bajo la mirada hacia mis brazos y luego la devolvió hacia mis ojos.
-Miedosa-susurró con una sonrisa, se dio media vuelta y se encamino por un largo pasillo hacia otra habitación.
-Yo...-musité y parpadeé varias veces-. Yo no soy una miedosa-volví a hablar en voz baja pero en ese momento me moví. Siguiéndolo.
Pero me perdí, cuando me di cuenta ya no estaba frente a mi. En lugar de alguna señal de que se encontraba caminando cerca, escuché una melodía. Una melodía en un piano.
-¿Edward?-seguí el sonido que poco a poco se intensificó y me encontré en una habitación casi a oscuras. Una figura, seguramente Edward, tocaba un piano negro de cola.
¡Qué maravilla!, pensé. Siempre había querido ver un piano de cola. Era enorme o el menos a mi me lo pareció.
-¿Te gusta?-preguntó Edward sin dejar de tocar y sin fallar ninguna nota.
-Me encanta-me acerqué lentamente, como si un solo ruido en la habitación fuera a distraerlo.
-Acércate sin miedo Camille.
Yo no hice caso, seguía con mi suave caminar hasta que toqué el piano. Era realmente hermoso no tan grande como había pensado, pero si lo suficientemente magnificente para no desviar mi atención a nada más. Su color, su lisa, firme y fría textura, todo me resultaba cautivador en ese objeto.
-¿Tanto te gusta?
-Siempre había querido ver uno de estos.
-Un piano de cola-me corrigió y eso rompió la ilusión. Lo miré enarcando una ceja.
-Ya sé como se llaman.
-Lo siento. Es solo que no lo dijiste correctamente.
-¿Para ti todo tiene que ser siempre tan correcto?
-Yo soy correcto, por lo tanto...
-Por lo tanto eso es una estupidez-solté y me senté a su lado, mirando sus manos.
A pesar de las tonterías que salían de su boca estaba disfrutando de su compañía... ¿Estaba disfrutando de su compañía? ¿Dónde estaba el Edward que no para de fastidiarme y hablarme de mala manera?
-¿Cuándo dejó de molestarte mi presencia?-las palabras brotaron de mi boca sin siquiera detenerme a pensar si debía preguntárselo o no. Y cuando me di cuenta me esforcé por mantenerme serena, mirando sus manos. Pero estas se detuvieron de repente pero sin hacer ninguno desafino. Simplemente dejó de tocar.
-No era tu presencia la que me molestaba-entonces me miró y yo no fui capaz de decir nada.
Algo reaccionó dentro de mi. Ya no tenía sentido ignorarlo. Era claro que algo sucedía; pero, ¿qué?

