Iris*Caramelo

"Solo trato de ser yo"

"Holocausto" #11 "A partir de cierto punto no hay retorno"

Prometi que no pasaría de esta semana y aquí está el siguiente capítulo de mi fic. Siento la tardanza, muchas cosas han pasado estas semanas... Más que nada escuela. De hecho tengo más examenes todavía el martes. Pero bueno...

Espero que les guste el capítulo. Me esforcé escribiendolo porque dejarlo por tres semanas a sido... horrible xD

Pero bueno...

Me voy porque es tarde xD ¡Hasta luego!

Espero q sigan pasandose y siento mucho la tardanza,  de veras.

 

"Holocausto"

 

"A partir de cierto punto no hay retorno"

 

Continuaba lloviendo. Alex nos guió a casa de los Cullen con Sarah al volante de su auto. Aparentemente Alex había llegado corriendo bajo la lluvia. Esperaba que no se enfermara.

Atravesar del auto hacia la puerta principal, terminando empapamos los tres.

-¿Cómo sabes que vino aquí?

-Dijo que-titubeo y reflexionó lo que iba a decirme-, tenía que arreglar algo con Edward Cullen.

-Vaya, ¿qué hace Luca aquí?-pregunté a Alex.

-¡Pelar, ya te lo dije!-comenzábamos a desesperarnos-¡Arreglar cuentas!

-¡Te estoy preguntando la razón!-Llamé a la puerta.

-¡No creo que pueda decirte!

-¡¿Entonces para que me trajiste?!-pregunté irritada porque no abrían.

-¡Para que los detengas!

-¡Por Dios Alex!-lo miré de mala gana y volví a insistir.

Nada.

-¡No responden!

Entonces escuchamos un estruendo como si un rayo hubiera alcanzado un árbol y éste se quebrara. Los tres corrimos por entre los arboles a la parte trasera de la casa. Y a través de la cortina de lluvia, a varios metros frente a nosotros, en el centro del patio, notamos dos figuras de pie una frente a la otra separados uno par de metros.

Entrecerré los ojos para agudizar la vista, una de las figuras era más alta y claramente más fuerte que la otra. Estaba segura de que ese era Luca, aunque se encontraba levemente agachado. Sin embargo me percate de que su mano izquierda estaba sobre su otro brazo, mientras su pecho subía y bajaba agitado, su boca estaba abierta y su mirada estaba llena de veneno. Mientras que la otra figura, supuse que se trataba de Edward, parecía tranquilo y lo único que hacía era estar de pie, mirando fijamente a Luca.

-¿Luca?-preguntó Sarah en voz queda, prácticamente para ella misma; pero Luca miró en nuestra dirección y al divisarla se irguió. Luca miró a Edward que parecía un gato sin moverse esperando el primer ataque de su adversario. Mi fuerte amigo volvió a mirarnos y entonces caminó en nuestra dirección. A mi apenas me hizo caso alguno pasando por uno de mis costados. También ignoró a Alex.

-No deberías estar así y bajo la lluvia-le gritó Luca a Sarah, pero no la estaba reprimiendo, más bien sonaba protector.

Los miré un momento. Luca atrajo a Sarah a su cuerpo, rodeándola por los hombros con uno de sus brazos y la llevo hacia la casa.

Mire de nuevo hacia donde Edward se encontraba y me percate de que me miraba fijamente desde su lugar. A pesar de lo poco que la lluvia me dejaba ver, su mirada penetró en la mía provocando que la piel de mis manos y mi rostro se volviera más sensible ante las gotas heladas de lluvia.

Momentos después caminó hacia mi. Me quedé paralizada.

-Tú también enfermaras-su voz era profunda y, aunque empapaba mi cuerpo de ansiedad al igual que las gotas, también me llenaba de una extraña calidez.

-¿Qué sucedió Edward?-apenas escuche mi voz.

-Vamos los tres adentro-indicó. Casi olvidaba que Alex seguía ahí.

Lo miré, estaba de pie, derecho, mirando a Edward con la misma mirada envenenada que Luca le había lanzado hacía poco.

-Alex, ve dentro-le ordené. Él desvió la mirada hacia mí, que cambio totalmente.

-Pero Cam.-Antes de que continuara protestando señale la casa sin necesidad de decir palabra y él avanzó segundos después dando zancadas de frustración, refunfuñando algo que en realidad ignoré. Me volví para mirar a Edward.

-Vamos tras él.

-No-dije-. Primero explícame qué fue lo que sucedió.

-Pelamos-explicó sencillamente. Rodeé los ojos.

-Eso ya lo sé. Quiero saber la razón.

Edward se mantuvo callado, pensativo. Me observaba como si tratara de adivinar las salidas más fiables para no responder mi pregunta. Algo me decía que si me quedaba callada iba a lograrlo.

-Ni lo intentes-dije de inmediato.

-Vamos adentro-siguió su camino sin esperarme.

-Cobarde, ¿porqué huyes?-caminaba detrás de él.

-No estoy huyendo-me miró por sobre su hombro.

-Sí lo haces. No respondes a mis preguntas y cambias el tema.

Se detuvo adusto, de tal manera que casi choqué con él.

-Escucha Camille-me miró directamente y, aunque sabía que estaba irritado, su rostro permanecía relajado-. Lo que hayamos estado haciendo o no, no es de tu incumbencia. No sé por qué razón te encuentras aquí.

-¡Él es mi amigo!-yo no me iba a guardar la rabia.

-Eres su amiga, no su madre. ¿Viniste a resolver sus problemas? Creo que es bastante maduro para hacerlo por su cuenta.

-¡Edward, exijo saber qué paso!

Él rodó los ojos y volvió a caminar. Tuve que seguirlo, pero no acaba de entender qué había ocurrido.

-¡Edward!

Entramos por la puerta de la cocina. Luca estaba ahí con Sarah que le revisaba el brazo derecho. Ambos estaban empapados como Alex que estaba recargado en la pared de la cocina.

-Estoy bien preciosa-Luca mostraba una sonrisa divertida.

-Solo quiero asegurarme-Sarah parecía muy entretenida.

Ambos se veían muy bien juntos. Parecían una pareja que había compartido mucho durante muchos años.

Mire de reojo Edward. Poco se concentró en la parejita y entonces miró a Alex que hacía un momento estaba relajado contra la pared y de repente adoptó una postura firme.

-Ay Alex-dije con pesar y él apenas desvió la mirada desde Edward hacia mí-estás empapado.

-Estoy bien-dijo y sin despegar la mirada de Edward que fue el siguiente en hablar.

-Vengan, les prestaré algo de ropa-y atravesó la cocina en dirección al área principal donde las escaleras al siguiente piso comenzaban sin siquiera esperar una respuesta.
-No-contesto Alex tajante pero Luca lo reprimió.

-Ve tras él, Alex-fue como una especie de orden que el interpelado no pudo rechazar y cual soldado marchó tras Edward.

Luca volvió la vista a Sarah que terminaba de examinarlo y él volvía a mostrar una tierna sonrisa. ¿Cómo controlaba tan bien los cambios de ánimo?

-Tú también deberías ir-me dijo Luca levantándose y tomando la mano de Sarah.

-Creí que te cae mal.

-Me disgusta en efecto. Pero no puedo dejar que ni tú ni Sarah, así como Alex, se enfermen-hubo una pausa en la que pareció recapacitar algo de lo que había dicho-. No importa. Vamos.

Quise preguntarle en qué se había equivocado, o qué era lo que iba a corregir, pero no fue posible.

Me encontraba subiendo las escaleras con Sarah siguiéndome los pasos y Luca detrás de ella. El lugar era hermoso, ordenado y todo muy limpio, como si apenas usaran los objetos presentes.

Cuando llegué al primero escalón y miré a un costado, Edward estaba de pie con prendas de ropa sobre los brazos. Como si de alguna especie de mayordomo se tratara.

Los tres nos acercamos a él y este extendió uno de los brazos en dirección a Luca. Tenía unos jeans y una playera blanca.

-Tu complexión es más parecida a la de Emmett, así que toma su ropa, te puedes cambiar en mi habitación. Alex está ahí-dijo y señalo una de las habitaciones.

Luca tomó la ropa y espero.

-Tomen-dijo y nos tendió el otro brazo donde tenía un par de blusas de color rosa y otra de color blanco, además de dos faldas negras. Las tomé.

Genial, pensé de mala gana, amo las faldas. Entonces Edward centró su mirada en la mía.

-Si algo no les gusta háganmelo saber.

-Todo está perfecto-mentí con una sonrisa; que falsa era.

-Claramente-musito y yo, ignorándolo, continué hablando. Comenzaba a sentir que  leía los pensamientos.

-¿Dónde nos cambiamos nosotras?

Edward señaló otra habitación y Sarah y yo nos dirigimos. Luca caminó tras nosotras y entró a la habitación donde Alex se encontraba. Miré detrás de mi antes de entrar. Edward simplemente se quedó observándonos.

La habitación, estuve segura desde el principio, era la de Alice.

-Se ven muy bien juntos, ¿no?-comentó Sarah mientras observaba una de las tantas fotografías que había adornando la habitación. En todas Jasper y Alice formaban una pareja hermosa, a pesar de que Jasper no mostraba una enorme sonrisa como lo hacía Alice, se notaba en sus ojos un brillo lleno de amor por ella. ¿Qué, iba yo a sentir envida por eso? No, yo no. Deje las prendas sobre la cama y miré a Sarah.

-Pues...-parecía que ella no había dicho aquello con honesta felicidad-¿a ti qué te parece?

-Son la pareja perfecta-dijo y dejó de ver la fotografía para retirarse la blusa que llevaba. Desvié mi mirada enseguida, le di la espalda y la imité.

-Pensé que tu y Luca eran la pareja perfecta-. Escuché una risita antes de que terminara la frase.

-¿Qué ocurre Cammy?-Sarah habló en un tono divertido y, advertí yo, de cierta manera pícaro.-¿Nunca has visto a otra chica en interiores?-esta vez escuche su voz más cerca. Esto no me estaba gustando nada.

-No en realidad. Creo que más bien es algo privado. ¿No te parece?-espera que entendiera que necesitaba que se alejara, que me diera mi espacio y que no me mirara para nada. Pero su contestación fue:

-Nunca me lo ha parecido-fue un susurro cerca de mi oreja. Noté entonces que sus manos estaban alrededor de mi cintura.

-Sarah-la voz me tembló por el nerviosismo provocado por el mido de lo que ignoraba-¿qué demonios haces?

-¿Tienes miedo?

Tuve unas ganas enormes de gritar, pero en su lugar me aparte con brusquedad, empujando sus manos y mirándola al girarme. Sentí una mirada pesada detrás de mi, donde estaba a puerta. Miré y me encontré con Alex que tenía la boca abierta y los ojos como platos.

-¿Qué iban a hacer?-fue un susurro lo que salió de la boca de Alex.

-¡Nada!-me apresuré a decir-Alex, Sarah y yo no íbamos a hacer nada, ¿verdad?-la miré detrás de mi pero ella tenía las manos en el estomago y reía entre dientes. Muy divertida-¡Sarah!

-Lo siento-habló entre risas-es que debiste ver tu cara, sin mencionar la de Alex.

-¡Tonta!-tome un par de prendas de la cama y salí al pasillo casi empujando a Alex al pasar, aunque fue como empujar una pared. Caminé un par de puertas hasta entrar a la primera que me dio confianza. Azoté la puerta detrás de mí y deposite la ropa en un sofá de cuero negro que estaba muy bien colocado en la habitación.

Miré la ropa. Por las prisas tomé la camisa de nylon blanca, parecía ejecutiva de mangas  cortas. La falda era negra, lisa y corta. Un listón del mismo color asemejaba a un cinturón grueso rodeando la prenda.

Me deshice de mi ropa quedándome en interiores. Boté los calcetines dentro de los húmedos tennis junto la bola de ropa que estaba en el piso. Tome la camisa y me la coloqué para hacer lo mismo con la falda después. De no ser por el enmarañado cabello que traía en ese momento, debía de verme como toda una ejecutiva ó en su defecto como una muy responsable secretaria. No, seguramente no era como yo creía porque también noté que la falda me quedaba justo a la altura de las rodillas y la camisa se holgaba a la altura del pecho. Seguramente la ropa era de Rosalie. La rubia despampanante de largas piernas y que seguro llenaba la camisa con lo necesario.

Busqué algún espejo. Miré a mi alrededor pero con lo único que me encontré fueron unos ojos serios y oscuros.

-¡Edward!-me quedé paralizada-¿Desde cuándo estas ahí?

Él estaba de pie debajo del marco de la puerta, con la mano reposando sobre la manija.

-Lo suficiente-pensé que se estaba burlando pero su rostro se mantenía serio ante sus palabras.

-No puede ser-enrojecí por la pena. Entonces escuché su risa llenando la habitación aún cuando su risa parecía un murmullo.

-¡No le veo la gracia!

-Yo sí-dijo aún sonriente-. Estas en mi habitación.

-¿Tú habitación?-miré alrededor. Lo único que pude ver además del sofá de cuero negro, era una colección de CDs sobre estantes que cubrían la pared opuesta a la de los enormes ventanales que daban al rio Sol Duc,  un sofisticado aparato de música en uno de los rincones y una gruesa alfombra de tonos dorados que cubría el suelo. Pero... ¿y la cama?

Antes de que pudiera decir algo él continuó luego de aclarar su garganta y su sonrisa desapareció.

-Sí, eso dije-me miró de pies a cabeza-. ¿Nunca has pensado que te queda mejor ese tipo de atuendos o el vestido que usaste en la fiesta que los jeans, blusas y tennis que usas en el colegio?

-¿Me estudias todos los días o algo por el estilo?-contesté molesta y con las manos echas puño sobre mi cintura.

-No soy el único, estás en la mente de muchos-. No supe si sentirme alagada y ruborizada, o molesta y asustada a causa tono en que dijo aquello.

-Como sea-me obligué a hablar-no me interesa lucir bien para los demás, sino sentirme cómoda.

-Y en exceso cómoda-me criticó.

-Edward, lárgate.

-Esta es mi habitación-sonrió arrogante y se cruzo de brazos recargándose a un costado, sobre el marco de la puerta.

-Eres tan molesto como Luca-musité y entonces tome mi ropa mojada-. Bien-no le di oportunidad de replicar lo que dije-, entonces me voy yo-. Avancé hacia él, por un momento pensé que no iba a moverse pero cuando estuve muy cerca dio un paso para permitirme la salida.

-Como quieras. Puedes salir descalza, seguro las piedras y la tierra se divertirán mucho con tu andar.

Edward era en definitiva un idiota. "Las piedras y la tierra se divertirán..." que va.

Baje las escaleras rápidamente y me dirigí a la puerta principal.

-Oye ¿a dónde vas?-dijo Alex que parecía estar muy cómodo sobre un sofá.

-Me voy-dije al pasar.

-¿Con esta lluvia?-se incorporó de un movimiento y me siguió.

-Aja...

Abrí la puerta y me encontré con una cortina de lluvia, ni siquiera pude dar un paso afuera porque Alex me tomó del brazo.

-No puede ser.

-Sí, ¿no es una lástima?-no era la voz de Alex la que estaba detrás de mí, era Edward-Hubiese sido cómico verte caminar sobre las piedras.

-¿Cómo...?-miré el tramo que había recorrido; incluso Alex había hecho ruido al caminar, pero de Edward no había escuchado ni un solo paso. ¿Y como había hecho para llegar tan rápido a mi, antes que Alex y sin correr?

Miré a Alex que observaba a Edward un poco molesto y un poco de sorpresa en sus ojos. Como si tampoco creyera lo que acaba de pensar, aunque con la diferencia de que tal vez él si había visto los, seguramente, agiles movimientos de Edward al avanzar hacia mi y detenerme. Entonces noté que seguía sosteniendo mi brazo y me solté de él.

-Temo que tendrán que quedarse-dijo Edward.

-No esperas que...-Alex habló entre dientes.

-Nos quedaremos hasta que la lluvia mengüe Alex-la voz de Luca ordenó a Alex desde la escalera. Sarah venía a su lado, tomados de las manos. Edward lo miró.

-Pero Luca...

-Obedece-aunque por la mirada que Luca le lanzaba a Edward, tampoco parecía muy contento de quedarse en la casa, sin mencionar que yo sentía que me estaba perdiendo de algo. Algo que solo ellos dos comprendían. Como si mantuvieran una conversación entre ellos sin tener que mover los labios-. Y contrólate. Ve a recostarte a alguno sofá y no molestes.

Alex miro de nuevo a Edward que le sostenía la mirada a Luca y después regresó al sofá en el que había estado.

Miré a Sarah. Ella observaba a su novio (supuse que ahora era su novio) que no dejaba de entablar una silenciosa conversación con Edward.

¿Pero qué pasa?, pensé bastante confundida, incluso trate de llamar la atención de Sarah con una mirada a ver si ella podía explicarme pero no sucedió nada.

Edward desvió la mirada hacia mí de nuevo.

-¿Tienes hambre?

¿Qué tenía que ver eso con lo que acababa de suceder? Miré de nuevo a Sarah y a Luca que ya estaban de camino hacía el mismo sitio donde Alex se encontraba. Solo logré notar que Sarah nos miro por encima de su hombro unos instantes antes de desaparecer por el marco de la sala con su novio.

-Camille-Edward atrajo mi atención inclinando un poco su cabeza en mi dirección. Volví la mirada y me lo encontré muy cerca. Sentí que los brazos se me pegaban al cuerpo por enfrente del pecho como reacción para evitar una especie de shock. Ni siquiera me di cuenta de cuando solté mis cosas.

Edward bajo la mirada hacia mis brazos y luego la devolvió hacia mis ojos.

-Miedosa-susurró con una sonrisa, se dio media vuelta y se encamino por un largo pasillo hacia otra habitación.

-Yo...-musité y parpadeé varias veces-. Yo no soy una miedosa-volví a hablar en voz baja pero en ese momento me moví. Siguiéndolo.

Pero me perdí, cuando me di cuenta ya no estaba frente a mi. En lugar de alguna señal de que se encontraba caminando cerca, escuché una melodía. Una melodía en un piano.

-¿Edward?-seguí el sonido que poco a poco se intensificó y me encontré en una habitación casi a oscuras. Una figura, seguramente Edward, tocaba un piano negro de cola.

¡Qué maravilla!, pensé. Siempre había querido ver un piano de cola. Era enorme o el menos a mi me lo pareció.

-¿Te gusta?-preguntó Edward sin dejar de tocar y sin fallar ninguna nota.

-Me encanta-me acerqué lentamente, como si un solo ruido en la habitación fuera a distraerlo.

-Acércate sin miedo Camille.

Yo no hice caso, seguía con mi suave caminar hasta que toqué el piano. Era realmente hermoso no tan grande como había pensado, pero si lo suficientemente magnificente para no desviar mi atención a nada más. Su color, su lisa, firme y fría textura, todo me resultaba cautivador en ese objeto.

-¿Tanto te gusta?

-Siempre había querido ver uno de estos.

-Un piano de cola-me corrigió y eso rompió la ilusión. Lo miré enarcando una ceja.

-Ya sé como se llaman.

-Lo siento. Es solo que no lo dijiste correctamente.

-¿Para ti todo tiene que ser siempre tan correcto?

-Yo soy correcto, por lo tanto...

-Por lo tanto eso es una estupidez-solté y me senté a su lado, mirando sus manos.

A pesar de las tonterías que salían de su boca estaba disfrutando de su compañía... ¿Estaba disfrutando de su compañía? ¿Dónde estaba el Edward que no para de fastidiarme y hablarme de mala manera?

-¿Cuándo dejó de molestarte mi presencia?-las palabras brotaron de mi boca sin siquiera detenerme a pensar si debía preguntárselo o no. Y cuando me di cuenta me esforcé por mantenerme serena, mirando sus manos. Pero estas se detuvieron de repente pero sin hacer ninguno desafino. Simplemente dejó de tocar.

-No era tu presencia la que me molestaba-entonces me miró y yo no fui capaz de decir nada.

Algo reaccionó dentro de mi. Ya no tenía sentido ignorarlo. Era claro que algo sucedía; pero, ¿qué?

"Holocausto" #10 "El sobre y la carta ilegible"

Sí ya sé. Demasiado tiempo sin subir capítulo. O ya ni sé. xD

En fin, les traigo este ahora que ya fui a dejar papeles a la universidad. Estuvo del nabo, pero al menos no me regresaron por falta de nada como a muchos otros. n.n

Bueno, este capitulo está un poco extenso; sin embargo espero que les guste.  Muchas gracias por sus opiniones, sirven de mucho para mi. ¡Adios!

 

"Holocausto"

 

"El sobre y la carta ilegible"

 

Cuando salimos, la gente se encontraba reunida alrededor de... algo. El maremágnum de gente no me dejaba ver lo que observaban. Solo noté que aún me encontraba tomada de la mano de Edward cuando sentí que tiró para llevarme junto entre las personas que miraba y hablaban horrorizadas, mientras otras no dejaban de llamar a emergencias.

-¿Edward?-lo miré. Parecía tenso, su espalda estaba rígida y tenías las manos más heladas de lo común. ¿O me imaginaba esto último? Como fuera, él no contesto.

-Edward...

Cuando llegamos al frente, miré de reojo la expresión que se formó en su rostro. Mientras que todos los demás lloraban o no dejaba de ocultar sus rostro en el hombro del que tenía al lado, Edward se mostros sorprendido por muy poco tiempo y cero asustado; más bien parecía que de la sorpresa pasaba directamente a la irritación y de pronto a la preocupación. Sin embargo era una expresión que me decía que algo no andaba bien en él mismo. ¿Se iba a desmayar por ver tanta sangre?

Cuando mire en la dirección en que él lo hacía me encontré con una chica de mi edad arrodilla en el piso a un lado del cuerpo que se encontraba boca abajo de un hombre aproximadamente de la edad de Luca. El hombre era de una complexión mediana, de tez clara como todos los habitantes de Forks y cabello corto y castaño. Llevaba puesta una camisa gris y unos jeans de un azul oscuro.

Observándolo mejor me di percate de que una mancha enorme, de un gris más opaco, se había extendido por la camisa y derramado por la tierra.

El hombre tenía una cortada enorme en su hombro izquierdo; prácticamente como si le hubieran querido arrancar el brazo de una manera brutal.

-¡Dios!-exclame al ver la escena. ¡El hombre se estaba desangrando! Pero cuando me di cuenta, Edward se había esfumado junto con el frío tracto de su mano.

-¿Edward?-lo busqué adentrándome de nuevo entre la gente. No podía quedarme viendo esa horrible escena. No era lo mío ver de ese tipo de películas si quiera. En seguida escuché el sonido de la ambulancia a toda velocidad por el camino de tierra hacia la casa de los Cullen.

Al no encontrar a Edward me concentre en buscar a Luca y a Sarah. Los encontré cuando escuché a  la ambulancia detenerse frente a la casa y Luca decía al paramédico lo que debía saber sobre el hombre. De los Cullen no había rastro alguno.

-¡Sarah!-la alcancé mientras Luca y el paramédico pasaban corriendo a mi lado y miré como la gente les abría paso.

-Camille, ¿dónde estabas? Te perdimos de vista ahí dentro, luego escuchamos el grito de una chica. Luca temió mucho por ti-¿solo Luca?

-Estoy bien, afortunadamente-dije y la abracé. ¿Qué le estaba ocurriendo a mi amiga? ¿Por qué razón se comportaba como si yo no le importara?

-Será mejor que volvamos al auto y te lleve a casa de tu abuelo.

-Esperemos que Luca vuelva-ella asintió y miramos en dirección de la enorme masa de gente que, cuando la policía se presentó, con mi abuelo al mando, despejaron la zona y enviaron a todos a sus casas luego de llevar una lista de registro con los nombres de todos los presentes. Estoy segura de que no les faltó ni uno solo.

Nunca pudieron reanimar al hombre, la sirena de la ambulancia nunca sonó presurosa por salvar la vida de alguien y esta se fue hasta que el forense vino a recoger el cuerpo. Si es que se le podía llamar forense realmente. Es decir, pocas veces algo tan escandaloso sucedía en Forks; por lo general era un chisme sobre alguien del pueblo que cinco minutos después de su publicación ya todo el mundo lo sabía y otros cinco minutos después se descubría que había sido invento de alguien que no tenía nada que hacer. Pero esto no era ningún invento.

-Podemos irnos a casa ahora-dijo mi abuelo una vez llegó a nuestro lado. Nos habíamos quedado sentados en las escaleras que ascendían a la puerta principal de la casa, esperando a mi abuelo. Incluso fuimos los últimos en registrarnos en las listas de testigos. Aunque realmente yo la llamaría una lista de sospechosos.

-De acuerdo-miré a los chicos. Luca se la había pasado muy serio y sin decir palabra; mientras que Sarah se había recargado sobre el incomodo hombro de Luca y dormitaba. Aunque supongo que para ella encontrarse en esa posición era muy cómodo.

-Yo llevaré a Luca-Sarah habló entre un par de bostezos.

Eso sacó a Luca de sus pensamientos y la miro a su costado, justo frente a su rostro, con una sonrisa que me pareció bastante tierna.

-Creo que seré yo quien te lleve a ti-susurró y yo sonreí ante esa escena.

-Vamos Camille-ordenó el abuelo y se dirigió a su patrulla.

-Cuídala-susurre a Luca que se limitó a asentir sin dejar de mirarla, mientras ella parecía ya estar dormida.

Seguí al abuelo hasta la patrulla. Entré en el asiento del copiloto, pero él se detuvo con la mano sobre el toldo del auto al límite de la puerta y un pie dentro, mirando hacía la casa.

-¿Abuelo?-Mire la casa tratando de encontrar alguna irregularidad. Lo único que divisé fue a Edward a través de una de las ventanas. Su fría mirada estaba centrada en nosotros; después, Alice se unió a él, pero su mirada no era fría, era más bien triste; como si no hubiera logrado algo que ansiaba tanto.

-Vámonos-musitó claramente el abuelo y subió. Posteriormente encendió el motor y nos retiramos a su casa.

El recorrido era callado pero la intriga me mataba. En la mirada del abuelo había visto una mezcla de emociones al encontrarse con los ojos de Edward.

-Abuelo, ¿tu conoces a Edward?

Él me miró de reojo y de nuevo al frente, pensando.

-¿Abuelo?

-Los conocí hace ya mucho tiempo.

Estaba hablando de todos los Cullen, no solo de Edward.

-¿Cuando eran pequeños? ¿Alguno de sus padres estaban en la escuela con mi madre?

Mi abuelo negó.

-¿Entonces?

-Hace años, antes de que tu nacieras-me explicó-. Tu madre conoció a los Cullen. Yo con ella.

-¿A los padres de Edward y los otros? Creo que no los conozco. No los vi en la fiesta.

-No a sus padres.

-¿Perdón?

-A ellos. A Edward, a Jasper y Alice, y Emmett y Rosalie.

-Cuando eran pequeños.

-No. Lucían exactamente igual.

Eso me sorprendió y confundió.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Hace años que los vi con la misma edad.

No podía ser. Era tarde y mi abuelo seguramente estaba delirando o soñando despierto.

-No estoy mintiendo-mi abuelo debió notar el silencio ante la increíble historia que me había contado.

-No dije eso.

-Pero lo pensaste Cammy. No quiero que tú tampoco me creas.

-¿Yo tampoco?

-Tu madre no me creyó.

-¿Se lo has contado a ella?

-Hace tiempo ya. Cuando confirmé su regreso.

-Confirmaste...

-El primer día que tuviste clase. Sabía donde vivían. Es la misma casa que tiene ahora.

-Abuelo, lo que me estás diciendo es...

-No es mentira-repitió un poco irritado.

-Que no dije eso; sin embargo creo que es un poco difícil de creer. Estas diciendo que los Cullen, los mismos jóvenes que van conmigo al colegio, tienen la misma edad que tuvieron hace años, desde antes que yo naciera-negué-. Es complicado creerte.

-Siempre pensé-habló dejando el tema anterior-, que eran raros; pero creí que lo mejor era ignorar lo que sucedía. Ahora comienzo a pensar que ni siquiera son personas normales.

¡¿Qué le ocurría a mi abuelo?!

-Ya veo.

-No tienes que creerme si no quieres. Pero de no haber ocurrido lo que ocurrió esta noche no te habría dicho nada. Ten cuidado ¿sí?

Es decir, ¿además de lo estaba acusando de anormales, los acusaba también de peligrosos?

-De acuerdo-no soné muy segura.

-Promételo.

Esto era ridículo.

-Lo prometo abuelo-contesté con un deje de mala gana y ya algo adormilada.

El resto del camino fue silencioso nuevamente y, mientras pensaba, el arrullo del auto me hacia cabecear.

Cuando llegamos a la casa, después de despedirme del abuelo en la sala, subí a la habitación. Me deshice de los zapatos y del vestido dejándolos regados en el piso. Únicamente me quedé interior y con una camiseta negra encima. Apagué la luz y me eché en la cama, cubriéndome con el cobertor purpura desteñido. Poco después me quedé dormida.

 

-¿Qué es esto?-dije mirando la hoja en mi mano. Tenía dos dobleces dividiéndola entre partes. Con eso me percate de que era una carta.

Estaba escrita en un idioma que no conocía. Pero por alguna razón tenía la necesidad de leer lo que estaba escrito. Miraba alrededor, el lugar se veía borroso. No había manera de responder la carta que yacía en mis manos.

Entonces intenté otra cosa y miré debajo de la hoja que sostenía. Había otra de ellas pero esta estaba en blanco. Miré por el otro lado de la misma hoja y también estaba en blanco. Comencé a desesperarme.

Cuando me di cuenta tenía un sobre negro en la otra mano junto a la carta con el idioma extraño. Pensé que era el sobre de las hojas que estaba sosteniendo pero no era así. No estaba cerrad; sin embargo contenía lo que me pareció una tarjeta blanca dentro.

Entonces tuve miedo. No quise tomar esa tarjeta. Tenía miedo de lo que iba a encontrar.

 

-Eres virgen-Sarah afirmó en cuanto escuchó ese relato de mi sueño, yo abrí los ojos como platos. Llovía, como usualmente suele ser en Forks.

-¡¿Qué demonios estás diciendo?!-me escandalicé mientras hacíamos la tarea-Eso no tiene nada que ver con mi sueño, ¿sabes?

Era lunes por la tarde. El domingo por la madrugada, luego de regresar de la fiesta, había tenido ese sueño. Ese día no le tomé importancia; pero el domingo por la noche había vuelto a tener el mismo sueño. Exactamente igual. Así que, mientras hacíamos algo de tarea en mi habitación en casa del abuelo, decidí contarle a Sarah lo que ahora creía no era para nada una casualidad.

-Alguna vez lo leí estoy segura.

-¿Que soy virgen?-deje mis cuadernos a un lado-¿Dónde exactamente?

-No seas tonta-rió-. Hablo de lo del sobre abierto.

-Sigo sin comprender-aun le contesté de mala gana y fingiendo entretenerme con mi cuaderno de matemáticas que, para variar, no entendía nada. En realidad, mi virginidad no era un tema que quisiera tocar.

-Según recuerdo, introducir la mano en un sobre significa la unión sexual. Pero al no introducir nada...

-Ah...-contesté sin darle mucha importancia.

-Creo que estas ansiosa por tener sexo.

Entonces volví la mirada hacia ella, sorprendida nuevamente.

-¿Qué demonios te hace pensar eso?

-Eres joven, con la hormona alborotada y sin novio aún. Además de virgen.

-Claro abuelita-me burlé; pero en realidad estaba molesta. Ella rió dejando sus cuadernos a un lado.

-No soy ninguna abuelita. Pero si soy una mujer.

-Ya-tampoco tenía ganas de saber sobre su vida sexual.

-¿No me crees?

-¡Por supuesto que te creo!-reparé antes de que comenzara a contarme evidencias.

-Hmm...

Mientras volvía la mirada a los números pensé en un tema que me tenía un poco impaciente.

-Los vi-dije por fin, ella no dejo de mirarme y lo noté por el rabillo del ojo, dado que no se movió para nada después de la última vez que habló-. El día de la fiesta los vi en el bosque.

Ella se mantuvo callada, pensativa; pero no desviaba la mirada de mi dirección.

Primeramente me sentía avergonzada, luego definitivamente quería desaparecer y al final me sentía irritada con tanto vacío entre nosotras.

-¡Di algo!-exigí forzándome a levantar la mirada para verla a los ojos desde mi lugar.

-No pasó nada-rodó los ojos. Obviamente estaba fastidiada por eso y mi grito había sido la causa de la interrupción, estaba segura.

-¿Lo siento...?-me arrepentí de haber abierto la boca y haber formado una pregunta al final.

-No te disculpes. Tal vez es que no debía suceder en ese instante.

-¿Te salvé?-sonreí pensando que en realidad le había hecho un favor. Segundos después, en su ceño fruncido, me di cuenta de que había sido una pregunta estúpida.

-No lo llamaría así-contestó cortante.

-Lo siento, es que pensé...

-Luca es muy apasionado-contestó-. Me gusta, pero al mismo tiempo eso hace que no me parezca ser cualquier hombre para mí.

-¿Qué quieres decir?

-Le había puesto ya el condón cuando comencé a dudar en si era así como quería pasar la primera noche con él.-Vaya, ya estábamos hablando de condones.

Genial, pensé sarcástica.

-¿La primera noche?

-De verdad me gusta. No quiero que piense que puede estar todos los momentos que quiera conmigo solo por sexo-hacia un momento me encontraba pensando que en realidad solo sexo hubiera sido lo que ella quería, y ahora se encontraba diciéndome todo lo contrario.

-No comprendo-dije pero ella pareció ignorarme.

-Cuando tu gritaste estábamos a punto de...

-¡Ya entendí!-la interrumpí. Mi imaginación era fugas y no quería imaginarme aquello en el punto explicito.-Mi imaginación puede generar lo demás.

Ella se mantuvo seria.

-Cuando gritaste él se echó para atrás, se subió el pantalón solo así y fue a buscarte. Yo me compuse un poco y lo seguí. En parte me encontraba molesta porque seguramente no habría dicho o hecho nada para detenerlo; pero por otro lado me encontraba feliz por la misma razón.

-Ya llegará su momento-afirmé y aunque parecía muy segura, en realidad no lo estaba. ¿Luca sería capaz de utilizar a una mujer de esa manera? En realidad me había parecido muy tierno el sábado por la noche mientras cuidaba de Sarah a su lado.

-No voy a esperarlo por siempre-dijo.

-¿Por qué no hablas con él directamente?

-No estoy segura.

-Oh, vamos Sarah. Si estuvieron a punto de tener relaciones cómo se te va a ser difícil invitarlo a salir para confirmar una relación sentimental.

Me miró con cara de pocos amigos, como si de verdad fuera algo muy complicado.

-Ok, ok. Ya entendí.

Me quede callada sin saber que más comentar. La miré un par de veces mientras apuntaba algo en el cuaderno. Sarah estaba pensativa, como si se guardara una preocupación inmensa.

-Y...-sonreí y deje las cosas a un lado-¿Besa bien?

Ella me miró y rió poco después.

-¿A qué viene esa pregunta?

Me encogí de hombros.

-Pensé que querrías contarme con detalles el casi encuentro entre ustedes.

-¡Sucia!-rió y la imité.

-Yo se que te mueres por contarme, pero si no es así...

-Está bien, te cuento-sonrió. Yo me di cuenta de que me había metido en algo que en realidad no quería escuchar pero puse cara de interés.

-Cuando llegamos-comenzó-vi a Jasper.

-¿Aun estás tras Jasper?

-No estoy segura-titubeó-. La idea era darle celos a Jasper con Luca ahí. Pero, creo que mientras el tiempo avanzaba me di cuenta de que me gustaba estar con Luca e ignoré la presencia de Jasper. Cuando me di cuenta estaba divirtiéndome y riéndome de los idiotas chistes de Luca-sonrió recordando. Era mi imaginación o noté una especie de hermoso brillo en los ojos.

-¡¿Estás enamorada?!

Me miró igual de sorprendida de lo que yo estaba.

-¿Enamorada dices?-sin embargo ella no alzó la voz-No. No de Luca.

-¿Entonces de quién? ¿Jasper? Por favor, si estuviste a nada de estar con Luca.

-Quiero decir-me miró de mala gana y acentuó cada sílaba-que no estoy enamorada de nadie.

-Claro-era tan obvia. Al menos para mí.

-Bueno, querías que te contara, ¿no?

-Hmm-dudé pero ella continuó.

-Entonces, luego de beber un poco...

-¿Bebieron? No parecía que lo hubieran hecho.

-Lo que sucedía antes de que gritaras nos hizo despertar. Además del grito.

-Ah...

-Bueno, luego de eso, salimos hacia el bosque porqué él lo sugirió. Pensé que sería algo cursi pero muy lindo ver las estrellas. Aún íbamos tomados de la mano-sonrió recordando. Estaba segura de que estaba enamorada de Luca. Y debía averiguar qué sentía Luca por ella-entonces me envolvió entre sus brazos. Ya sabes, hacía frío.

-Y mucho por lo que pude ver-reí.

-Ja, ja, ja. Eres muy graciosa.

-Ya se-sonreí.

-En fin. ¿Has notado lo calientito que está?-sonrió-Bueno, hablamos de varias cosas y cuando caí en cuenta él ya estaba besando mi cuello-noté un pequeño sonrojo en sus mejillas-. Seguido de eso me giré un poco para besarlo-el rojo creció- y bueno. Una cosa llevo a la otra y de pronto me encontraba con sus manos recorriéndome el cuerpo por encima del vestido mientras yo le desabotonaba la camisa y el pantalón.

-Entonces, ¿de un momento a otro te volviste de lo loca que ibas para la fiesta a algo más tierna y después regresaste a la locura?

Rió.

-Eso parece.

-¡Dios mío!-casi grité sobre mi almohada para no hacer algún escándalo. Después me eché a reír de los nervios que me hacían sentir las imágenes formadas en mi cabeza por el relato de Sarah. Ella rió y prosiguió.

-Deje que los pantalones y los bóxers bajaran solos luego de que ayudé un poco. Él ya había retirado mi tanga, supongo que fue muy lento porque no sentí cuando lo hizo.

-¿Llevabas tanga?

-¡Claro! ¿Tú no llevabas una?

Negué.

-En realidad nunca he usado una.

Abrió los ojos como platos, me hizo sentir que había roto una especie de regla extremadamente sagrada.

-Tendré que enseñarte muchas cosas.

-Supongo-pero yo no quería ser el centro de atención.

-Como decía-parecía más animada-Continuamos besándonos cuando me dio el preservativo para que yo se lo colocara...

-¿Cómo es?-la interrumpí con un impulso curioso.

-¿Me preguntas cómo se coloca un condón?

-¡No! Creo haber tenido suficientes clases de educación sexual como para no saber cómo se coloca un condón-me mordí el labio inferior-.  Quiero decir...

-Ah...-se quedo callada un momento antes de ponerse a reír-. ¿Nunca has visto un pene? ¿Ni siquiera en ciencias de la salud?

¿Tenias que decirlo así?, suspiré pesadamente.

-Sí Sarah, sí he visto alguna fotografía en los libros, pero ya sabes que soy virgen.

-Bueno. No es la gran cosa.

-Oh sí, eso explica mucho-dije sarcástica.

-Algún día lo sabrás pequeña-se burló de mi pero no me dejó protestar y continuó hablando-. Después de eso pasó lo que ya te conté y al final lo de la muerte de Isaac. Luego de eso Luca me llevo a mi casa. Me sorprende que no nos hubiéramos perdido con lo dormida que estaba.

-¿Así se llamaba?

-¿Perdón?

-El chico que murió.
Sarah se limitó a asentir.

-Fue extraño como murió-continué-. Nadie vio a ningún animal cerca de la zona y mi abuelo dice que por más que buscaron no encontraron huellas de alguno que pudiera causarle esa herida.

-¿Supiste que al hombre sobreviviente del ataque en Seattle también lo mataron?

Eso llamo mi atención.

-¿Qué?

-Al parecer lo encontraron esparcido por su habitación en el hospital y todo duró durante el cambio en turno de la noche.

-Que horrible escena-hable con asco de solo imaginarme a alguien esparcido en pedazos por su habitación-, ¿quién lo hizo?

-Aun no se sabe.

Entonces escuché que llamaban insistentemente a la puerta principal y tuvimos que suspender nuestra plática.

Bajamos ambas y cuando abrí la puerta me encontré con Alex. Estaba empapado por la lluvia y respiraba cansadamente, tratando de recuperar el aliento.

-Camille. Luca, Edward, se pelean-fue lo único que su respiración agitada le permitió decir.

-Grandioso-miré a Sarah que estaba de pie detrás de mi y con los ojos llenos de sorpresa y preocupación-. ¿Te molestaría acompañarme?-sabía que no se iba a quedar quieta en casa. Sarah asintió y noté algo desaprobatoria en el rostro de Alex; pero no era tiempo para discusiones. Tomé uno de mis abrigos y Sarah tomo el suyo luego de que yo le prestara uno Alex, y salimos.

"Holocausto" #9 "La fiesta II"

Sí ya sé. No actualizo pronto. Lo siento. Muchas cosas han pasado y creanme, nada agradables; y estas han conllevado a otras tantas más desagradables aún.

Les juro que a veces dan unas ganas tremendas de tirar todo a la basura y comenzar de nuevo. A ver si la siguiente vida es mejor. Pero bueno. Por lo pronto, y aprovechando que ya tengo luz, me siento más tranquila y les dejo fic.

Es la parte 2 de la fiesta jeje. Y para no hacerme bolas es el capi 9 ¿ok?

No estoy segura de que tan bien quedo este capi, pero espero sus opiniones sobre ello. ¡Gracias!

 

"Holocausto"

 

"La fiesta II"

 

-Gracias-dije en cuanto estuve completamente de pie y me volví para verlo. Me encontré con dos ojos castaño dorado, mirándome seriamente. Lucía bien con el saco gris desabotonado hasta la mitad y la playera tipo polo asomando de color blanco con gruesas franjas de un tono más opaco, pantalón y zapatos de vestir negros. Tenía el cabello cobrizo despeinado y húmedo.

-Edward...

-¿Qué haces aquí?-aunque estaba molesto su mirada era seria y se mantenía tranquilo.

-Me invitaron.

-Ya veo-rodó los ojos como si mi respuesta fuera inútil, pero fue culpa suya; de ser obvio no lo hubiera preguntado-. ¿No crees que fue una muy mala idea estar en la posición en que estabas trayendo ese vestido?

Sentí que el calor subió por mi cuello hasta mi rostro.

-Debo agradecerte por ayudarme supongo-dije de mala gana pero aún sonrojada.

-Algo así-sonrió. Era la primera vez que lo miraba sonreír y, a pesar de la jactancia con que lo hizo, tenía una bonita mueca.

-Deberías sonreír así más seguido. Aunque de una manera amable-me di media vuelta y me aleje un poco para buscar a mis acompañantes entre la multitud de gente que bailaba; pero a pesar de alzarme en puntillas no podría ver a ninguno de los dos.

-Tu amigo-enfatizó la última palabra de mala manera; al parecer había ignorado mi comentario-, está afuera.

-¿Luca?-lo miré-¿Lo conoces?

-Podría decirse.- Alce una ceja incrédula, no sonó muy seguro.

Me dirigí a la entrada principal, pero la encontré obstruida por otro mar de gente. Busque con la mirada otra manera de salir, aunque claramente no iba a salir por alguna de las ventanas. Aunque pensándolo bien...

-Allá- detrás de mí, Edward señaló una habitación que entendí era la cocina-hay otra puerta. No pienses en hacer locuras en mi casa por favor.

-Que atento-dije sarcástica y me dirigí hacia la habitación.

La cocina estaba completamente limpia. No existía ni una mancha de comida en alguna superficie o alguna pared decolorada. Nada. Todo estaba impecable y los aperitivos intactos lucían deliciosos sobre bandejas de plata o al menos me lo parecía. Estaba segura que ellos podrían comprar el pueblo si quisieran. Bueno, tal vez exageraba.

Desvié la mirada hacía la puerta para no estar criticando cada cosa que miraba. Empuje la bonita puerta y salí al patio trasero. A lo lejos se veía un río, o eso me parecía; también podía ver el resto del bosque. Escuchaba los vidrios de la casa vibrar detrás de mi a causa del alto volumen de la música.

-¿Luca?-pregunté a la nada, avanzando hacia el bosque situado a un costado de la casa.

Poco a poco mi visión se acostumbró a la poca luz que se colaba desde la casa hacia el bosque; sin embargo, mientras continuaba avanzando, llamándolos, la luz menguaba lentamente. Me debatía entre seguir o regresar, pero necesitaba encontrarlos.

Cuando me di cuenta me encontraba bastante alejada de la casa, aunque no demasiado. Mirando sobre mi hombro podría notar un punto iluminado: la casa de los Cullen.

Procuré moverme en un circuito a la redonda desde ese punto y no ir más allá. Dudaba que tanto Luca y Sarah se hubiesen adentrado en el bosque, ¿verdad?

-¿Sarah?

-¿A quién buscas?-la voz de un hombre joven, o al menos eso creí, habló detrás de mi.

Me giré para quedar de bruces a un hombre aproximadamente de la misma edad que Luca, veintiún años de edad. Tenía tez clara y ojos oscuros, o al menos eso me pareció. La silueta era débilmente iluminada por la alejada luz de la casa y me permitió ver que era musculoso pero también delgado. Tenía un largo cabello, liso, que llegaba debajo de sus hombros.

-Mi amigo-respondí desconfiada. Nunca había visto a ese hombre, de ser diferente habría reconocido su silueta por menos luz que hubiera, incluso por su voz.

Su sonrisa asomó como una pequeña linterna surgiendo entre la oscuridad. Caminó lentamente hacia mi.

-Te has perdido-concluyó y se situó detrás de mí. No reaccioné. Me quede mirando hacia la casa como si ahora se encontrara muy lejos, como si me encontrara en peligro y la salvación se encontrara muy lejos.

Un brazo asomó, desde detrás de mi, por encima de mi hombro, a un costado de mi visión, señalando hacia la caja musical iluminada.

-Ahí-dijo una voz que me hizo sentir como si frías gotas violaran la ley de la gravedad y recorrieran lentamente la tibia piel de mi espalda hacia mi cuello, haciéndome erguir con un suave movimiento-, se encuentra la fiesta. Probablemente tu amigo se encuentra ahí-tal vez había un deje de burla en su voz, pero un sensual murmullo predominaba en la frase.

-Sí, gracias-tenía miedo, algo me decía que corriera pero no lo hice; sin embargo mi paso fue apresurado. Sentía que el negro de la noche se estaba extendiendo hacia mi, que iba a comerme viva y nunca más vería si quiera la más mínima luz de aquella fiesta y hasta la luz del ahora ausente sol.

Hubo un momento en que escuche mi respiración acelerada por el medio, pero también era entrecortada. No, no. No era mi respiración. Mis sentidos agudizados por la adrenalina me hicieron saber que la respiración no era proveniente de mi y más aún que no era solo una.

Me detuve a pocos metros de salir del bosque y mi vista se desvió hacia mi costado derecho, donde una parejita se encontraba muy amorosa.

Caundo ajuste mi vista, advertí que era Luca acorralando a Sarah contra un árbol mientras él le besaba el cuello, y está se dedicaba a acariciar su cabello, con una pierna alrededor de la cintura de mi amigo.

¡Oh, Dios mío! ¡Sí eran ellos! La misma vestimenta, la misma complexión...

Pero un escalofrío recorrió mi espalda. El recuerdo de aquel desconocido que se había encontrado detrás de mi volvió a mi mente como un rayo y me hizo mover los pies nuevamente sin decirle nada a los chicos.

Corriendo, entré en la casa por la misma puerta de la que había salido y cuando estuve dentro me giré y caminé hacia atrás, observando la perilla, debatiéndome entre si ponerle llave o no. Como si aquel hombre fuera muy peligroso y estuviera condenando a mis amigos a morir, ¡¿o ya lo había hecho al no interrumpirlos yo y dejarlos fuera?!

Choque contra algo duro y un par de manos se situaron sobre la piel de mis brazos desnudos a la altura de mis codos. Grité. Afortunadamente la música estaba demasiado alta como para ser escuchada. ¿O tal vez desafortunadamente? Según fuera el caso.

-Cálmate, escandalosa-me reclamó Edward de muy mal humor.

En el momento la puerta se abrió de golpe y volví a gritar, ocultando mi rostro en su pecho. De alguna manera sentí que Edward me rodeó con los brazos.

-¡¿Qué ocurre?!-Luca entró exaltado.

-¿Por qué gritaste Cam?-Sarah sonó algo irritada.

Los miré. Él tenía la camisa desabotonada y los pantalones medio abrochados; detrás, ella se adecentaba tanto el peinado como el vestido, lanzándonos una curiosa y fastidiada mirada a Edward y a mi.

Hubo silencio. Necesite unos segundos para comprender que todo estaba bien, que me encontraba en un estado de histeria injustificada y ellos se encontraban a salvo y habían sido interrumpidos, en no sé que cosa, quise pensar, por mi grito.

La preocupación en el rostro de Luca fue sustituido lentamente por la rabia, luego de que me viera de arriba abajo, de pie en brazos de Edward.

-¡¿Qué le estás haciendo?!-mi amigo me hecho a un lado, muy suavemente a pesar de lo furioso que estaba, y arremetió contra Edward tomándolo del cuello del saco, acorralándolo contra la pared y mostrando la dentadura tensa a través de sus labios.

-¡Luca!-Sarah y yo gritamos al unísono. Edward parecía tan calmado pero a la vez tan molesto como Luca.

-Yo no le he hecho nada. Es ella la que se ha puesto a gritar sin razón alguna-me miró por encima del hombro de Luca.

-¡No fue sin razón alguna!-dije-He visto a alguien allá afuera que no me dio buena espina y temí que viniera tras de mi  a hacerme algo-tan solo recordarlo me produjo un escalofrío que me hizo tiritar.

Luca me observó, soltó a Edward y se dirigió a mi lado, atrayéndome en un abrazo que fue cálido y protector. Como el de un hermano mayor. Observé que Edward me miraba como si escrutara en mi mente; sospechando si decía o no la verdad. Eso me incomodó y me abracé a Luca, evitando completamente darle la cara a Edward.

Escuché un oculto gruñido proveniente del pecho de Luca antes de escucharlo hablar, con una serena voz.

-¿Me contarás qué ocurrió?

Como si hubiera más detalles.

-Solo eso. Fui a buscarlos-y sí que los encontré-, pero al adentrarme más en el bosque me di cuenta de que era imposible que fueran tan lejos. Cuando pensaba en regresar me encontré a este sujeto que me sugirió que se encontrarían en la fiesta. Por lo tanto pensé que sería ajeno al decirlo tan neutralmente-o al menos así lo pensé yo-. Como sea, me dio miedo desde que lo escuché hablar, incluso su sola presencia. Cuando-pensé, si debía decir que los había visto muy acaramelados en el bosque- decidí volver para no quedarme a solas con él,  lo percibí aún cerca de mi. Tenía miedo de que fuera a ser otra persona, alguien malo que pensara secuestrarme o algo parecido; pero no fue así. Entonces lo visualicé cerca y concebí la necesidad de echarme a correr. Llegué aquí y afortunadamente me encontré a Edward, aunque al principio mi imaginación jugó conmigo y por grité.  Tuve mucho miedo Luca-mis manos se aferraron con fuerza a la camisa desabotonada de Luca. Me creí protegida en sus brazos; como la hermanita de Luca.

-Ya. No fue nada Cammy-me consoló, pero sabía que hablaba entre dientes.

-Sí, fue tu imaginación-dijo Sarah-. Tal vez tu imaginación te traicionó por estar pensando en otras cosas-sugirió con una vocecita que me hizo pensar quería decirme algo más.

-¡No fue por eso!-me separé de Luca enojada.

-No te pongas así-rió Sarah-. Estaba jugando-trato de abrazarme pero me alejé. No estaba para juegos.

Miré a Edward. Tenía la vista perdida por la ventana de la cocina hacia el bosque. Parecía muy serio.

-¿Edward?-me acerque pero Luca me tomo del codo para evitarlo.

-Vayan a la fiesta-pareció una orden. En ese momento me recordó al hombre con el que me había encontrado; sin embargo aquel hombre parecía más divertido que Edward. Algo en su mirada me decía que debíamos tener cuidado con lo que les había contado sobre ese sujeto.

-Sarah, Camille-nos llamó Luca-, vamos donde los demás.

A Sarah no le pareció demasiado la idea, sin embargo se dejó llevar cuando Luca le tomo la mano. Me quedé sola con Edward que no despegaba la mirada de la ventana.

-Edward, ¿qué ocurre? ¿Dije algo malo?-me encontraba muy preocupada.

-Ve tras tu amigo.

Sé que sucede algo malo y tu sabes sobre ello, pensé. En ese momento Edward me miró de una manera siniestra que provocó que un frío me recorriera la espalada e instintivamente di un paso atrás.

-¿Qué?-su mirada cambio y sonrió provocándome en mí otra sensación-¿Te ha dado miedo?

-Camille...-Luca asomó su mirada por la puerta de la cocina al ver que no los seguía.
Me mantuve mirando a Edward que continuaba con esa extraña sonrisa para después dirigirme tras Luca que noté se quedo un momento tras de mi.
-Sarah-dije cuando la vi esperándonos junto a una mesa llena de gente. Se le veía con cierta amargura en el rostro pero a la vez un travieso brillito yacía en su mirada.

-¿Por qué gritaste de esa manera?-me pregunto una vez estuve a su lado.

-¿Qué? Ya lo he explicado.

-En serio amiga, estaba muy bien con Luca hasta que gritaste y salió corriendo a rescatarte.

-Oye, yo no se lo pedí y de haber sabido que estaban...

-¿Qué?

-Juntos-me apresuré a decir como si ella me hubiera interrumpido-, no habría gritado.

Me miró como quien no me cree demasiado pero se tranquilizo.

-Entonces-dije mientras esperábamos a Luca, que no sabía por qué se estaba tardando tanto-, estaban juntos. ¿Te dijo algo?

-¿Algo? ¿Cómo qué?

-Quiero decir, ¿qué hicieron?

-Ah...-pensó un momento mirando a toda la gente que bailaba enfrente de nosotras al ritmo de la música electrónica que recién se escuchaba. De ser diferente la situación habría disfrutado de ese momento-, nada en realidad.

¿Cómo que nada en realidad?, ¿lo que había visto había sido una ilusión o es que no hacía la pregunta correcta?

-¿Nada? Ya veo-soné incrédula. Pero ella dejó el tema. Poco después Luca regresó y se situó junto a Sarah, tomando su mano.

-¿Vamos a bailar?-le sonrió, todo el mal humor que había tenido hacia poco se había esfumado.

-De acuerdo-sorprendentemente ella también sonrió, dejando atrás lo sucedido.     

Luca y Sarah se dirigieron a bailar sin si quiera mirarme, como si de verdad nunca hubiera estado de pie a su lado.

Me quedé observándolos, siendo la única estúpida que no tenía nada que hacer allí. Busque con la mirada a alguno de los Cullen. Era su fiesta y probablemente se encontraban cerca, ¿no?

Nada. ¡¿Dónde demonios estaban?! Todo era muy raro. Comenzaba a pensar que...

-¿Tú no estás bailando?-miré a uno de mis costados y me encontré con Edward mirándome inexpresivo, esperando una respuesta.

-Creo que es bastante obvio que no-me encontraba de mal humor.

-Cierto, no debía preguntar-dijo y tendió su mano en mi dirección. La miré por un momento sin moverme.

-¿Qué es lo que quieres?

-Bailar.

Titubé. ¿Ahora qué se proponía? Mordí mi labio inferior y observé a nuestro alrededor mientras él continuaba tendiéndome la mano. Nadie nos miraba, todos estaban perdidos en sus propios asuntos.

-Solo una canción-lo condicioné, tome su mano y él estrechó la mía. Me moría por ver cómo es que se desenvolvería con la música electrónica; pero, justo cuando nos integramos con todos los demás, la canción termino y fue sustituida por una balada.

Qué suerte tengo, pensé de mala gana aunque trate de no mostrar frustración alguna en mi rostro. Noté que varias personas, al parecer sin pareja, se alejaban caminando, dejando solamente a algunas pocas; entre ellas estaban Luca y Sarah, y nosotros.

Sentí que lo que hacíamos no estaba del todo bien cuando varios a nuestro alrededor comenzaron a susurrar cosas, mirándonos. Bueno, tal vez debí pensar que yo no era el centro del universo; pero en ese momento yo estaba cerca de una de las máximas expresiones del universo. No solo eso, ¡le estaba tomando de la mano! Entiéndase por universo: Froks. Por máxima expresión: Edward Cullen.

Él bailaba perfectamente, sincronizado a la música y prácticamente sin concentrarse, solo dejándose llevar, como si hubiera estado practicando esos pasos por años y años. Mientras que yo sentía que estaba a punto de pisarlo con uno de los tacones o que habría acabado dándole un puntapié.

Decidí deshacerme de esos pensamientos y concentrarme en algo más. Algo que no me hiciera sentir nervios como una idiota, algo como...

-Edward-levanté la mirada y me encontré directamente con unos ojos oscuros que no había notado antes, en la cocina. Unos ojos que me dieron miedo, un miedo muy semejante al que sentí fuera esa noche. Quedé en shock.
-¿Sí?-su suave y tranquila voz, completamente contraria a lo que sus ojos mostraban, me devolvió un poco de aliento, pero necesité desviar la mirada hacia cualquier dirección para volver a hablar.

-Tú sabes algo sobre el sujeto con el que me encontré, ¿verdad?

Note un ligero movimiento de su cabeza, como si mirara detrás de mi ahora.

-Tal vez.

-¿Tal vez? Bueno, cuéntame-. Silencio.

Justo cuando pensé que me contestaría algo, un fuerte y escalofriante grito proveniente del exterior, me erizó la piel. Este provocó que todos los ahí presentes dejáramos lo que estábamos haciendo y dirigiéramos una mirada hacia alguna de las paredes que nos rodeaba.

"Holocausto" #8 "La fiesta. I"

Ya vine xD Lo siento, estoy emocionada con la nueva Saga: Mortal Instruments - Cazadores de Sombras xD (Es que se tardan mucho en sacar Elegida aquí y necesito leer algo!! x3) Estoy in love con Simon *kyu*  Bueno, Bueno. Espero que compartamos muchas cosas con esta Saga xD. Y espero con ansias el 4to libro ¡¡wii!! Pau sabes porque XD.

En fin. En un rato me voy a estudiar mientras juego un rato xD.

Espero les guste este Fic n.n Dividí este capi en dos porque esta muy largo. XD

Las canciones estan en el reproductor si las quieren escuchar.

AQUÍ LA ROPA DE LOS 3: FSHN

¡¡Muchas gracias por su apoyo!! y ¡Nos vemos!

 

"Holocausto"

 

"La fiesta. I"

 

Me  había quedado por la tarde en el colegio con la intención de esperar a Luca.

Estaba sentada en una de las bancas situadas en la zona verde del colegio. Hacía algo de tarea para no tener que despertarme temprano el sábado a escribir o a pensar acerca de las matemáticas.

-¿Qué haces aquí tan tarde?-una aguda y conocida vocecilla interrumpió mis pensamientos. Me giré para ver a Alice aproximarse prácticamente danzando y con una sonrisa de oreja a oreja.

-Vas a venir a la fiesta, ¿verdad?

-Probablemente.

-Edward estará ahí-insinuó. Obviamente que el chico estaría allí, era su casa ¿no?

-¿En serio?-pensé-Tal vez reconsidere el ir-sonreí con suficiencia.

-Oh, vamos-me puso la misma cara que Sarah usaba para convencerme. Tal vez porque Alice era muy hermosa o algo similar, pero su rostro, combinado con ese gesto, tenía un encantó más bien cómico y me eché a reír.

-Iré-contesté sonriente.

-Ya lo sabía-por alguna razón sonaba más segura de la normal. Eso me provocó un escalofrío al recordar el pasado día que nos quedamos solas en el pasillo del colegio. El lugar volvía a tener un ambiente siniestro como la última vez.

-Creo que me iré ahora-su rostro había cambiado. Pareció ponerse seria de un momento a otro.

-Alice, ¿estás bien?

-Sí. Debo irme-se levantó como hipnotizada y se dirigió hacia su auto; un Porsche911 del mismo color que el auto de Luca. Me preguntaba si al amarillo estaría de moda.

Luego de unos minutos en los que creía terminaría empapada, pues unas nubes más grises de lo normal invadieron el cielo mientras esperaba a Luca. Cuando pensé que nunca llegaría y me dirigía caminando a casa, una bocina conocida pitó detrás de mi y al girarme vi el auto de Luca aproximarse, se paró a un lado, frente a mi y una de las ventanillas automáticas se abrió dando paso a su mirada desde el asiento del conductor.

-Estoy aquí-dijo.

Suspiré, me acerqué y, cuando escuché el seguro de la puerta abrirse, entre al auto.

-Creí que no vendrías-dije una vez el auto estuvo en marcha en dirección a casa del abuelo.

-Yo tampoco en realidad.

-Seguro a Sarah le alegrará mucho verte-¿Para qué ocultarlo? Aunque me hubiera gustado decir que a mi también me alegraba.

-Ya veo.

No sabía que más decirle. Había supuesto que tendría mucho que preguntarle, pero en ese momento no me encontraba apta para hostigarlo a contestarme cuanta pregunta tuviera y menos si no estaban en orden o bien formulada por lo menos.

Llegando a casa de Charlie, bajamos del auto y nos dirigimos dentro. Me di cuenta de que él ya venía vestido para la fiesta con una camisa negra de mangas largar que se ceñía donde sus nuevos músculos, unos jeans claros y tennis blancos; además, venía con el cabello algo despeinado, muy moderno.

¿Desde cuándo viste así?, pensé. Lo invité a esperar en el sofá, mientras yo subía a cambiarme con un bonito vestido corto con vuelo y sin mangas de color negro, y unos zapatos de tacón negros que me hacían ver un poco más alta. Todo lo había llevado a la casa el jueves pasado; en realidad no tenía mucha ropa de fiesta que ponerme y eso era lo más cerca que había encontrado en mi closet a lo que podría ser una fiesta cool de los Cullen.

Me miré en un espejo de cuerpo completo que tenía ya muchos años en la habitación.

En fin, pensé.

Baje minutos después que estuve lista y observé a Luca que se había quedado con los ojos abiertos como platos, mirándome mientras bajaba las escaleras.

-¿Tan mal me veo?-pregunté tratando de que sonara como una broma, pero en realidad estaba nerviosa. Llegué hasta la planta baja con la mirada de Luca aún sobre de mi, subiendo y bajando lentamente, observándome a detalle.

-¿Podrías quitar esa cara y decir algo?-sentí el calor en mi rostro. ¡Debía estar roja!

-Te ves muy bien-sonrió luego de volver al mundo y volvió la vista a la televisión la cual había encendido desde hacía un rato seguramente. Se encontraba un partido de futbol americano o algo así. Me imaginaba que el abuelo Charlie se encontraba en casa con el abuelo Billy, mirando ambos el mismo partido y gritando cosas acerca de los que hacían malas jugadas. Me acerque y aunque no entendía nada pregunté cómo iba el partido. Justo en el momento en que Luca iba a contestarme la emisión fue interrumpida para presentar las dichosas "noticias de última hora", donde la conductora principal dio paso a una periodista que se encontraba afuera del hospital general en Seattle, la cual decía:

"Las muertes en Seattle han incrementado. Los cuerpos de varias personas fueron encontradas detrás de un local nocturno la noche anterior, al parecer se traban de cuatro mujeres y tres hombre; jóvenes turistas provenientes de Brasil. Todos al parecer parecieron desangrados. Existe un sobreviviente, posible testigo de lo ocurrido; sin embargo se nos ha informado que el paciente se encuentra aislado en terapia intensiva. Algunos testimonios afirman que dicho hombre parece encontrarse en estado agónico y no ha parado de gritar y convulsionarse a pesar de los métodos que se le han aplicado para evitar esto y está siendo monitoreado constantemente por los doctores de la institución. Tan pronto mejore o se encuentre algún cambio seremos informados sobre su estado de salud."

La nota finalizó con una vista de vuelta al estudio donde la conductora agradeció por el reporte y habló sobre las demás muertes individuales. Incluso remembró acerca de un asesino que residía en la ciudad de Nueva York y bebía la sangre de sus víctimas como si fuera un vampiro. O un frío como los Quileutes lo llamaríamos.

Fríos, vampiros. Tal vez estaba pensando erróneamente y en realidad había un imitador asesino loco en Seattle.

Miré a Luca que ya había desviado la mirada de la televisión, incluso cuando el partido había vuelto a la pantalla. Estaba pensativo, inclinado hacia el frente miraba sus manos entrelazadas, con los codos sobre las piernas.

Me acerque y senté a su lado, inquietada por la perturbación que invadía su mirada.

-¿Qué ocurre, Luca?-susurré.

Se mantuvo callado en sus pensamientos.
-Luca-toque su hombro y lentamente me miró.

-Deberías ponerte maquillaje para variar. Así me sorprendiste pero de miedo-mi boca se fue abriendo poco a poco sin poder creer lo que decía-. Me ha costado quitarme el susto.

-¡Luca que grosero eres!-le grite e iba a continuar con mis gritos cuando escuche que tocaron a la puerta.

-Compórtate-le advertí a sabiendas de que era Sarah, la cual sonrió al verme y sonrió aún más al ver a Luca.

-¿Listos?-pregunto. Venía vestida muy linda y fresca, con su negro cabello suelto y un vestido sin mangas, a cuadros rojos y un poco de crinolina negra asomando debajo para dar algo de volumen. Usaba unas medias negras de malla y zapatos de tacón que hacían juego con el vestido. Me recordaba un poco al estilo de Avril Lavigne.

Luca se levanto luego de apagar la televisión, dejando la habitación siendo iluminada únicamente en la entrada gracias a la bombilla encendida del porche; aunque fue suficiente para que Sarah me mirara de la mala manera.

-¿Piensas salir así?-me preguntó casi escandalizada.

-¿Estoy mal vestida?

-Hablo de tu rostro. Le falta maquillaje-escuche la risotada que Luca emitió con eso-. Anda, yo te arregló- regresó a su auto mientras Luca volvía a tomar asiento, encendiendo la televisión. Sarah volvió con un estuche, me tomó del brazo, subimos y comenzó a maquillarme.

-¡Listo!-celebró como si hubiera creado una obra maestra y me cedió paso para verme al espejo.

La ropa me hacía ver más blanca de lo normal  y la sombra azul marino mezclada con un poco de negro y gris para darle un poco de brillo, combinado con el rímel y el tenue brillo rojo para labios, me hacía sentir... extraña.

-La idea es que tú vuelvas loca a Luca-sonreí-. Pero no mostrándole un monstruo creado por ti.

La miré por el espejo y noté que su rostro era de pocos amigos.

-Estaba jugando-rectifique y ella volvió a sonreír.

-Anda, se nos hace tarde-sonrió y se adelantó. Me miré nuevamente en el espejo sin poder creer que esa chica fuera yo; nunca me había arreglado de aquella manera. Di media vuelta y apague el interruptor antes de salir y bajar tras Sarah.

Cuando baje Sarah ya estaba flirteando con Luca, elogiándolo por su vestimenta y peinado; mientras él se hinchaba con eso y se movía de ciertas maneras para que ella pudiera verlo mejor.

-Oigan-interrumpí-¿ya nos vamos?-me dirigí a la puerta, abrí y salí deteniéndome para cerrar al final.

-Ya vamos desesperada-dijo Luca y Sarah lo siguió. Como sin nada él se dirigió hacia el auto terracota de Sarah, dejándonos solas e inmediatamente Sarah me cuchicheó algo.

-Es sexy y tiene muchos músculos ¿eh?

Reí.

-De verdad Sarah, en qué cosas te fijas.

-Es normal. ¿Tú crees que ellos no se fijan en nosotras?

Creo que no lo había visto de esa manera. Luca y los chicos siempre habían sido para mi solo amigos, nunca me había fijado demasiado en sus facciones o en su cabello o en como vestían. Nada de eso. Además, ningún chico me parecía tan interesante como para algo sentimental.

-Bueno, supongo que...

-¿Supones?-dudo mientras se encaminaba hacía Luca.

-Apresúrate mujer-me gritó Luca, situado al lado del Renault.

-¡No me digas así Luca!-le contesté y Sarah se rió de vernos pelear. Luca no respondió, en cuanto tuvo la puerta sin seguro, del lado del copiloto, entró y yo tuve que conformarme con el asiento trasero de mala gana. Pero al parecer a Sarah la idea le fascino. Maquiné que seguro estaría pensando que debía ir yo de chofer y ellos de acaramelados en el asiento trasero. Sí, seguro no me equivocaba.

 

Durante el recorrido Sarah se la pasó sacándole tema a Luca que evadía algunas preguntas, como de dónde era o en que trabajaba, entre otras tantas; sin embargo había permanecido sonriente todo el trayecto. Hasta que minutos después de varios kilómetros recorridos, fui la única que notó las pausas que Luca hacía para tomar bocanadas de aire y no respirar hasta tener que contestar a Sarah.

Cuando llegamos a la casa Cullen (la cual noté era una bastante grande y hermosa, y se encontraba después de un largo camino detrás de nosotros que alejaba la residencia de la carretera principal a través del bosque), la nariz de Luca se arrugó y su expresión, que al bajar del auto había sido seria, se había tornado de asco y un deje de odio.

-¿Luca?-pregunté detrás de él.

Sarah rodeo su auto por enfrente y rió al encontrarse al otro lado de Luca.

-Que canción para ser recibidos, ¿no creen?-sonrio.

Presté atención a la tonada y me di cuenta de que era Money Honey de Lady Gaga. Sinceramente sus canciones me gustaban mucho, ese tipo de música, la cual mis padres llamaban música sin sentido, era lo mejor para mi; pero no solía bailarla o cantarla, al menos no en público; solo en mi habitación y a solas.

-Es como si quisieran lavarnos el cerebro ¿no?-Sarah volvió a reír de lo que había dicho, pero a mi no me causó mucha gracia pensar que en realidad la canción era una manera de los Cullen para presumir que tenían el mundo y a la gente a sus pies por el dinero que poseían y Luca parecía concentrado en otra cosa, así que la risa de Sarah cesó.

-¿Les ocurre algo?-preguntó algo fastidiada al ver que su chiste no habías sido escuchado.

-Creo que he comenzado a sentiré mal-dijo Luca, que en realidad parecía irritado y a punto de entrar en la etapa de furia si no lo sacábamos de ahí.

-Lo dudo-dijo Sarah y tomo su brazo.

-Vámonos-ordenó él, lo cual desaprobé, y dio media vuelta para esperar que el seguro se abriera de nuevo. Aquello rompió el encanto de la noche para Sarah, pues frunció el ceño mirando a mi amigo y poco a poco abrió la boca.

-No vamos a ir a ningún lado, me vas a llevar ahí dentro y vamos a bailar, ¿de acuerdo?

-No voy a hacer tal cosa.

-Luca-lo reprendí un poco antes de que fuera a soltarle algo a Sarah por el mal humor.

Él rodó los ojos y observó el techo del auto.

-Quiero decir, no aquí. Los Cullen no son...-se detuvo, parecía buscar la palabra correcta para terminar la frase-de fiar-dijo al fin.

-¿De fiar?-pregunté yo ahora interesada en el tema. ¿Por qué no serían de fiar? ¿Por qué les tenía tanta rabia? ¿Qué era lo que los Cullen y mi primo se traían entre manos?

-¿Los conoces Luca?-muy buena pregunta Sarah, pensé al escucharla. ¿Que no se suponía que eran nuevos en el pueblo?

-Han bajado a la Push un par de veces-contestó tratando de ocultar un nerviosismo que Sarah no notó pues solo ladeo la cabeza aceptando su respuesta, pero yo hable.

-Mientes.

-Camille-él me miró como si quisiera que ocultar algo.

-Nunca los he visto en la Push, sabes que First Beach es la más visitada y yo siempre estoy por ahí los fines de semana-miré a Sarah-. Por lo que sé, ellos salen todos los fines de semana a acampar lejos de aquí-mi amiga no me dejaría mentir-. Además, sería interesante que nos los presentes si es que los conoces. No solemos hablar mucho en el colegio-terminé con una pequeña sonrisa curveando mis labios.

-¡Eso sería una gran idea!-celebró Sarah. Seguramente tenía la idea de poder ser presentada a Jasper personalmente por algún allegado.

Luca me lazó una mirada envenenada antes de girarse y mirar de frente la casa atestada de gente y música que había cambiado y ahora a tocaba I Gotta Feeling de Black Eyed Peas. Yo rezaba porque las primeras frases de la canción no fueran erróneas y toda la noche transcurriera sin problema alguno.

Luca comenzó a avanzar con nosotras siguiéndole los pasos. Sarah se apresuro y tomo su brazo para entrar a su lado y  Luca no rechazó el gesto de mi amiga. Aunque por mi parte en ese momento me sentía como una entrometida.

¿Qué hacía yo ahí si no podría obtener respuestas? Seguramente Luca y Sarah se la pasarían bailando y apartados de mi. Además, yo no encajaba entre toda esa gente que a diario, tal vez no vestía elegante, pero por lo menos vestía algo bonito y se preocupaba por su imagen. Y yo... no era así.

Sarah entro meneándose un poco al ritmo de la canción, saludando a algunos de los que se encontraba ahí. Luca no saludó a nadie, pero si permanecía sonriente y relajado, o al menos eso pensaba yo. Mientras que por mi parte permanecía la mirada clava en el piso, evitando las miradas de todos los demás y siendo empujada un par de veces por cuerpos que danzaban sin fijarse en las demás personas en el lugar. El lugar estaba atestado de gente y parecía que a pesar de ser una casa grande la capacidad de personas se reducía demasiado. Muchas iban muy primaverales, similar a como vestíamos Sarah y yo, tal vez era porque luego de tanto bailar daba calor; pero yo si pensaba seriamente en que debía haber llevado un abrigo.

-En realidad no los conozco como ustedes creen-contestó Luca a viva voz por la música que inundaba la casa.

-Bueno, eso no importa-contestó Sarah sonriente y mirandolo.

-No te alejes Camille-me advirtió Luca. ¿Quién se creía que era para verse como mi padre?

Ambos se adelantaron y pronto no los pude ver. Escuché un grito de emoción de Sarah y cuando alcé la vista un empujón me hizo perder el equilibrio y caí asustada de llegar a ser pisoteada, pero más pies que suelo no me ayudaron a hacerme sentir mejor y solo provocó que me hiciera un ovillo, sentada, abrazando mis piernas y mi cara entre mis rodillas, esperando el primer pisotón o algo similar que fuera a dañarme.
Pero entonces sentí a alguien detrás de mi y enseguida dos manos me tomaron por la cintura y yo hacía el esfuerzo por incorporarme rápidamente al estar siendo auxiliada de tan pronta manera.

"Holocausto" #7 "¿Pistas?"

Bueno. No tengo mucho que decir porque ya estoy medio dormida. Jeje. Pues aquí les dejo el siguiente capi. Trabajaré un poco en el q sigue y me iré a dormir.

Gracias por seguirse pasando n.n De verdad.

 

"Holocausto"

 

"¿Pistas?"

 

Era ya noche cuando me encontré caminando cuesta abajo hacia la Push. Le pedí al abuelo que me dejara en la entrada para poder despejar mi mente de camino a casa y eso no podía lograrlo en el auto.

Era jueves y aun no había llamado a Luca para invitarlo a la fiesta. Si no lo hacía pronto Sarah seguro se enfadaría conmigo por habérselo prometido, y yo no quería que eso sucediera. Pero aún no estaba segura si Luca aceptaría la invitación.

La calle se encontraba desierta. El camino terroso y lleno de rocas se complicaba mientras la luz del día disminuía detrás de las copas de los árboles y algunos pequeños montes que se elevaban mientras yo descendía.

Comencé a recordar algunas de las historias que mi padre me contaba de niña sobre los fríos. Esas criaturas que la gente llamaba común mente vampiros y que salían en busca de gente a la cual drenarle la sangre con la ausencia de la luz del sol, ya fuera un día nublado o la oscura noche.

Empecé a maldecir en mi cabeza las tonterías que se estaban maquinando acerca de si alguien me seguía o no. Entonces comencé a pensar de manera más realista. ¿Cómo iba a ser un vampiro? Probablemente sería un loco, un ratero, secuestrador o violador. Okey. No era una mejor idea. Pero realmente me sentía inquieta y en algún momento del trayecto sentí una mirada posada sobre mí espalda, proveniente detrás de mí.

Respiré hondo varías veces tratando de calmarme, pero la sensación de estar siendo vigilada no desapreció.

Cerré los ojos un momento caminando a ciegas y cuando tomé valor me giré para asegurarme de que nadie, o nada, me seguía. Y cuál fue mi grata sorpresa de no ver nada que mi cuerpo se sintió pesado y relajado. Hasta que me di la vuelta y di un gritó que hizo volar a algunas de las aves que se encontraban en los árboles más cercanos.

-¡Cálmate Camille!-Alex me cubrió la boca con sus manos mientras mostraba una sonrisa divertida. Empuje sus manos y lo miré molesta.

-¡¿Sabes el susto que me has dado?!-le reclamé con una mano sobre mi pecho, recuperándome del susto. Él se limitó a reír.

-No seas dramática Cammy-me guiñó un ojo-. Hace cuanto tiempo que no te veo por aquí.

-Ni yo tampoco-dije notando que había ocurrido un tremendo cambio en su cuerpo.

Aquel Alex que recordaba era un poco mayor que mi prima Wendy por cinco meses; de estatura mediana, delgaducho, de cabello castaño largo, piel cobriza y ojos castaños, había sido sustituido por un hombre de mayor edad,
un fortachón bastante alto, lleno de músculos, de voz con un timbre más grueso, cabello corto y ojos más serios; pero que permanecían con el mismo hermoso brillo infantil de siempre.

-¡¿Cuándo mutaste?!-me exalté mientras lo miraba de arriba abajo. Había poca luz en la calle pero lograba ver su enorme figura.

-No lo digas así-rió mirándose-. ¿Tan mal me veo?

-Eres...-busqué las palabras para describirlo simplemente- Te has vuelto un sansón.

Él se río estruendosamente.

-Eh cambiado durante la adolescencia-explicó.

-No lo creo. Dime que no te estás metiendo esteroides, por favor.

-¡No seas tonta!-rió-Así es como soy, Cam.

-De acuerdo. Es que se me hace tan extraño.

Alexander era uno de los chicos con los que convivía en el colegio en la Push. Era amigo de Luca y mío. Sin embargo, de todos era el único que continuaba hablándome normalmente; aunque lo hacía por teléfono. Nunca hubiera creído que él también... Esto era muy raro.

-Vamos a mi casa Alex.

-¿Para qué?-preguntó confundido.

-Tenemos que hablar.

-Cammy, en serio, no me estoy metiendo nada.

-No es por eso-me encaminé rápidamente, y cuando no escuché que me siguiera, me giré caminando hacia atrás esperándolo-. Vamos.

-¿Entonces para que...?-desvió su mirada hacia alguna parte en el bosque sin terminar la pregunta-Tengo que irme ahora Cam-comenzó a caminar en aquella dirección, pero logre tomarlo de su fuerte brazo.

-No, tenemos que hablar. Ahora-traté de arrastrarlo a mi casa y aunque no se resistía, él seguía mirando de reojo hacia esa dirección del bosque.

-¿Ocurre algo?-pregunté cuando llegamos a mi casa y él se mantuvo junto a la puerta-Pareces preocupado.

-No es nada-a leguas mintió-Dime de qué quieres hablar.

Lo miré un momento, en silencio.

-Alex, ¿qué es lo que me están ocultando?

-¿Qué?-entonces su mirada se dirigió hacia mi directamente.

-Tú, Luca, los chicos... No soy una tonta. Apostaría que los demás chicos se "desarrollaron" de la misma manera que tú y Luca, y no es algo normal.

Sus ojos se abrieron como platos, dejando el paso al asombro y el miedo de que yo hubiera descubierto algo que ellos no querían que nadie, absolutamente nadie supiera.

-No sé de qué estás hablando.

-Alex, se te da muy mal mentir.

-Camille. No puedo decírtelo-contestó preocupado.

-¡¿Por qué no?!-pregunte desesperada. Si estaba ocurriéndoles algo malo y yo no sabía nada... Aún les tengo cariño, ¿sabes? Me preocupan. Son como hermanos para mí.

Alex se limitó a mirarme. Parecía que estaba mordiéndose los labios para que ni una sola palabra saliera de su boca.

-No-abrió la puerta pero se encontró con mi padre justo de frente. Ahora que me daba cuenta ambos tenían la misma estatura ahora, cuando antes Alex no le llegaba ni a la mitad a mi padre.

-Alex-lo miró mi padre de arriba abajo con una sonrisa-, hace tiempo que no te veía por aquí.

-Ehm...-contestó él.

-Papá, estaba hablando con Alex. ¿Puedes ir a buscar a mamá a casa de tío Sam y tía Emily?

Mi padre me miró extrañado. Ya me imaginaba qué pasaba por su cabeza: ¿desde cuándo está hija mía me da órdenes?

-Perdón papá. Pero necesito hablar a solas con Alex-seguramente mi amigo no quería contarme la verdad estando mi padre presente.

Alex me daba la espalda y en un pequeño instante que apenas noté ambos intercambiaron miradas.

-Papá, por favor.

Tenía que hablar con Alex. Seguramente él, Luca y los demás estaban metidos en un enorme lío. Solo esperaba que no fuera algo que tuviera que ver con drogas o algo similar. Pero este camino tan fácil hacia un enorme cuerpo y crecimiento acelerado, sin mencionar los ahora lujos que Luca manejaba... Me preguntaba si Alex también tendría algún lujo, o varios.

-Creo que Alex tiene prisa-sonrió mirándolo, y luego de lo que yo creo fue un silencioso "gracias" por parte de Alex, éste salió corriendo camino al bosque.

-No puedo creerlo-dije indignada cuando mi padre cerró a puerta.

-¿Qué?-se mantenía sonriente y caminaba muy campante hasta la cocina para beber de un vaso con agua.

-¡¿Cómo que qué?! ¡Papá, ¿sabes que podría estar en un lío tremendo?! ¡No solo él, sino también los otros!

-Tranquilízate Camille. No es nada. Te imaginas cosas pequeña.

-Para empezar ya no soy ninguna pequeña. Me doy cuenta de que no hay algo bueno en todo esto y no sé que tanto tengas que ver tú con esto pero es importante para mi saber en lo que mis amigos están metiendo las manos, ¿entiendes? ¿O es que te gustaría que yo fuera igual y estuviera haciendo mil cosas debajo de la mesa, escapándome a media noche o algo semejante?

-Los chicos están bien-sonó extremadamente seguro mientras se movía hacia la cocina-; además, yo sé que tú no eres así de rebelde Camille.

-¿Oh, eso crees? Entonces déjame que te informe papá, yo también puedo dejar de ser una niña buena si me lo propongo-me di vuelta y continué furiosa hasta mi habitación, azotando la puerta luego detrás de mi.

Me quedé encerrada hasta dos horas después, recostada en la cama, mirando el techo, cuando mi madre fue a mi habitación para hablar conmigo.

-Hola. Camille, hija.

-Papá ya te dijo que me enoje, ¿no?

Mi madre sonrió y se sentó a mi lado en la cama. Me enderecé para sentarme a su lado.

-Está preocupado de haber hecho algo mal. Ya sabes que es complicado que él arregle algo que tenga que ver con sus hijos.

-Pero no cuando se trate de ti. ¿Por qué mamá?

-Creo que tiene que ver con que sea solo mi sol-rió.

-Que poética-critique de mala gana.

-Vamos Camille-paso su brazo por mis hombros y me atrajo hacia ella con ternura maternal-. No te pongas así con tu padre.

-Él y lo chicos ocultan algo mamá. ¿No crees?-entonces comencé a sospechar-. Tú también sabes algo, ¿no?

 -No, ni siquiera sé de qué estás hablando.

-Mamá, se te da muy mal lo de mentir-sonreí como si ya hubiera ganado la primera ronda en algún concurso que llevaba hacia una enorme recompensa.

-Si ya recordé-sonrió aunque no muy complacida.

-Entonces, ¿me dirás?-traté de imitar la carita de Sarah pero se me dio fatal y solo logré que mi madre se echara a reír y mini Jacob pateara algunas veces, la cuales no me perdí por nada.

-Hablaremos luego de esto-me prometió mientras ambas teníamos las manos sobre su vientre y yo asentí en respuesta.

-¿Estás nerviosa?

-¿Por el parto? Solo un poco.

-¿Solo? Yo estaría aterrada-reí.

-No es mi primer hijo, Camille-me miró con una bonita sonrisa que me hizo sentir un poco de tierno calor sobre mis hombros como si fuera un abrazo propio de ella. Me enderecé y bese su mejilla.

-¿Vamos a cenar ya? Seguramente papá está desesperado-sonreí y ella rió-. No me imagino porqué come tanto.

-Tiene un apetito de lobo, ¿no?-extrañamente el tono en que mi madre dijo aquello fue muy sospechoso.

Cuando llegamos a la mesa mi padre parecía desesperado. Sin embargo tenía muy buen humor a pesar de que me había enojado con él y supuestamente estaba preocupado por eso. No les presté atención durante la cena y pase el resto del tiempo tratando de encontrarle respuestas a todas las preguntas en mi cabeza, las cuales apenas comenzaban a formularse.  Como: ¿Qué me habría querido decir Luca en el bosque? ¿Porqué los chicos habían cambiado tan de repente físicamente y prácticamente una época determinada? ¿Qué sabían mis padres? Y la más importante pero que aún no estaba estructurada ¿lobos? ¿Tenía que ver con la reserva?... ¿las leyendas no eran precisamente... leyendas?

 

Cuando la cena terminó me dirigía a hablarle a Luca. Espere poder encontrarlo en su casa y no que no se hubiera comprando un nuevo celular para andar por ahí en la noche.

-¿Diga?-¡contesto!

-Luca, hola oye...

-Camille, estaba a punto de salir ¿sabes?-sonó molesto.

-Oye-iba contestarle de mala gana, pero recordé que debía invitarlo-, te gustan muchos las fiestas ¿no?

-Aja-sonó interesado.

-Bueno, me han invitado a una fiesta y... me pidieron que te invitara.

-Sarah.

Hice un pequeño berrinche en silencio y de deje su conclusión al aire.

-¿Irás?

-¿Dónde es?

-No se la dirección. Iremos juntos si decides que ir.

Hubo un momento de silencio al teléfono, donde solo escuchaba su tranquila respiración mientras meditaba.

-De acuerdo.

-¡Bien!-tendría manera de sacarle muchas respuestas durante la fiesta.

-¿Tanto te alegra? Tal vez no deba ir.

-No seas malo. Tal vez podamos terminar la conversación que tuvimos en el bosque, ¿no te gustaría?

-No en realidad.

-Hum. Por favor.

-Ya veremos.

-Bueno, si te decides-que esperaba lo hiciera- ve a la escuela mañana por la tarde, te esperaré.

-Trabajo, salgo hasta las cinco.

-Bueno-soné un poco desesperada-, te espero hasta que llegues.

-No sé si sea buena idea.

-Te espero-colgué después de eso. No iba a dejar que rechazara la invitación. Acto seguido le envié un mensaje de texto a Sarah:

Listo. He invitado a Luca.

Deje el celular sobre mi cama mientras me cambiaba y escuché que vibró poco tiempo después:

¡Perfecto! Entonces pasaré por ustedes mañana.

Reí. Podía imaginármela emocionada. O tal vez no. O tal vez pensaba más en Jasper. Pensándolo mejor, me alegraba de no estar en su lugar. Yo no sabría que hacer al ser atraída por dos chicos.

 Dije que lo invité, no que ha aceptado.

Sin embargo lo esperaré en el colegio.

Y me contestó muy segura:

Irá.

Holocausto #6 "Sin respuestas"

¡Sí! Al fin les traigo otro capi. xD

En fin, estaré escribiendo el siguiete de una vez. Así no tengo mucho que decir. Pero como siempre, ¡¡gracias por sus comentarios!! Jajaja, tambien sugerencias eh... Los quiero y de verdad MIL GRACIAS POR PASARSE!!

Bueno bueno... ya los dejo leer  ;D

 

Holocausto

"Sin respuestas"

 

-Tenemos que arreglar esta amistad-dijo acercándose a mi.

-¿Arreglar? Comienzo a dudar si de verdad era una amistad.

-No seas dramática Cammy-él rodó los ojos y tomo mi mano acercándome a su lado.

-¡No soy ninguna dramática!

-Y tranquilízate-me ordenó y nos sentamos en el troncó caído de lo que alguna vez fue un enorme árbol, al cual le crecía musgo verde, mullido y fresco a su alrededor.

-Estoy tranquila-contesté entre dientes.

-Se nota-sonrío mirándome.

-Di lo que tengas que decir y llévame de vuelta al instituto.

-¿Desde cuándo te has vuelto tan mandona?

-Desde que he crecido para ser jefa-sonreí un poco. Casi había olvidado como bromear estando con él.

-No. Ahora que lo recuerdo siempre fuiste así-rió. Por mi parte no puse muy buena cara.

-En fin-concluí-. ¿Qué quieres decirme?

-Me gustaría que fuésemos amigos de nuevo-lo soltó.

-¿Cómo?

-¿A qué te refieres con cómo? Pues así simplemente, que seamos amigos nuevamente.

-No es tan sencillo como lo planteas.

-¿Por qué razón no lo es?

-Para empezar no esperarás que olvide de golpe lo que me has hecho durante estos años, ¿no?

Luca torció la boca. Sabía que yo tenía razón, que él había hecho mal y ahora no podía pedirme lo que fuera que quisiera pedir; porque yo sabía que algo quería pedirme, pero aún no me decía el qué.

-¿Tratarás no?

Lo miré un momento y luego me puse de pie para volver por el mismo camino.

-Llévame al instituto ahora.

-Vamos Camille, no te pongas así. Estaba...-busco alguna excusa pero no encontró alguna lo suficientemente buena para que yo le creyera. Obviamente no me iba a creer que estuvo bromeando con una cara tan seria y hasta cierto punto preocupada. Me preguntaba ¿qué sería lo que pasaba por su cabeza?

-Oye, sea lo que sea que quieres dilo y ya-escuché como me seguía.

-Quiero que seamos amigo de nuevo. Eso es todo-sabía que había sido sincero; o al menos a mi me lo pareció. Me detuve y volví a darle la cara.

-No veo como podríamos serlo.

-Y otra vez con eso-rodó los ojos.

-Si no te gusta como lo manejo, lo mejor será que ni siquiera intentes remediar esto-conteste molesta y volví a continuar mi camino.

-De acuerdo, ya entendí-lo escuché decir y después, poco más fuerte, habló-: Lo siento.

Me detuve y miré sobre mi hombro. Se encontraba de pie a unos metros detrás de mío.

-Ahora dilo con sinceridad-observé de reojo como rodó los ojos fastidiado por mis órdenes mientras yo me divertía cobrándome las me había hecho.

-De verdad lo siento Camille. ¿Qué quieres que haga para que puedas creerme?

Me volví hacia él.

-Es que ahora es complicado creerlo Luca.

-No digas más eso. Quiero que lo pienses ¿sí? Además, estoy seguro de que esto era lo que querías; que fuéramos amigos de nuevo. ¿No es verdad? ¿O prefieres que sigamos siendo como lo somos ahora?

-Me encantaría ser tu amiga nuevamente. Pero lo planteas como si no te importara y en realidad tuvieras que hacerlo por obligación.

Se quedó callado un momento, meditando antes de responder.

-Lo digo sinceramente-me miró a los ojos, serio y sincero como hacía mucho que no lo veía comportarse.

Pensé un momento quedándome prendida en sus ojos negros. Seguido de eso baje la mirada y parpadeé un par de veces antes de responder.

-De acuerdo; pero hay una condición-lo cual a él claramente no le gustó nada de nada.

-¿Cuál es?

-Debes contarme la verdad acerca del por qué te comportaste de esa manera tan fea conmigo todo este tiempo.

Sus ojos se clavaron en el piso. Creí que la razón debía ser bastante seria para que él tuviera que meditar si contarme o no lo que había sucedido. Eso me preocupó pero también me molestó. Él había dicho que yo debía confiar en él; sin embargo, él no confiaba en mi.

Después de un incomodo silencio en el que Luca parecía no decidirse volví por mi camino.

-Llévame al instituto-ordené.

-Okey. De acuerdo tú ganas. Que volviéramos a ser amigos no era la única razón por la cual fui por ti.

-Ya sabía-en realidad también sabía que lo de volver a ser amigos era mentira-, ¿entonces qué quieres decirme?-me giré para verlo.

-Estas en peligro si continúas en esa academia-dijo supuestamente muy serio.

Lo miré un momento y después me eché a reír.

-Claro, es eso ¿no?-no paraba de reír.

-No es gracioso Camille.

-Sí lo es, ¿no ves como me rio?

-Mira, vine a advertirte. Si no me crees allá tú.

Pare de reír cuando me di cuenta de que se había adelantado a mi paso e iba directo al auto; y aún así me mantenía sonriente.

Escuché el seguro de la puerta del copiloto abrirse y subí al auto. Luca rodeó el auto,  subió para dar marcha y llevarme al instituto.

Nos encontrábamos en silencio ahora. No parecía muy contento así que decidí mirar por la ventanilla, aunque comencé a marearme al ver pasar los árboles tan rápidamente. Desvié la vista hacia el tablero donde se encontraba marcada la velocidad del auto.

-No vayas tan rápido.

-Cállate, yo conduzco como se me dé la gana-me contestó altaneramente.

-Podía haber alguna curva pronto Luca-traté de que entrara en razón. No quería terminar muerta, estrellada contra un árbol o el parabrisas de otro auto que vinera de frente.

Me apresuré a colocarme el cinturón de seguridad que había olvidado colocármelo al subir.

-Está bien. Pero si vas a conducir de esta manera colócate el cinturón por favor.

-Si chocáramos no me ocurriría nada.

-¿Ahora eres super man? No. Oríllate y colócate el cinturón.

-Escucha, basta de mandarme, sé lo que podría pasar si ocurre un accidente pero la única que me preocuparía entonces eres tú.

-Si claro. Luca, hazme caso por una vez en tu vida.

Él negó sin decir palabra. ¡Pero qué necio era!

-Okey, okey. Digamos que te creo. ¿Por qué razón estaría yo en peligro?

-No puedo explicarte.

¡Qué irritante!

-Solo quiero que vuelvas a la Push.

-Vivo ahí.

-Hablo del colegio.

-Si no me dices exactamente qué es lo que sucede no volveré a la Push.

-Es complicado-su voz sonaba un poco desesperada y algo dentro de mi me decía que, además de que me ocultaba algo, la situación era muy mala.

-Cuéntame-le pedí con calma y mirándolo seriamente. Pero no dijo nada, se quedó callado el resto del viaje.

Cuando llegamos al colegio llegamos al estacionamiento; sin embargo ya no tenía ninguna razón que fuera a clases. Habían terminado y ya todos se encontraban dejando el lugar.

-¡Camille!-escuché a Sarah llamándome desde uno de los edificios-¿Puedo saber dónde te metiste?-sonaba molesta.

-No mamá-sonreí.

-No seas tonta-iba a seguir con su sermón cuando vio a Luca salir del auto y decidió calmarse. Me di cuenta y sonreí.

-¿Decías mamá?-me burlé.

-¿Mamá?-preguntó Luca cuando llego junto a nosotras.

-Sí-dije-, me estaba regañando porque tú me secuestraste sin razón alguna-lo último fue en contra de ambos. Maté dos pájaros de un tiro.

-No te regañé-dijo ella.

-No fue sin razón alguna-dijo él.

Ambos hablaron al mismo tiempo, reclamándome.

-Creo que son tal para cual-sonreí satisfecha y, dejándolos solos, me aleje hacia el edificio donde mi casillero se encontraba.

Me apresuré a tomar los libros que necesitaría para las tareas; sin mencionar que tenía que pedirlas.

-¿Tú llegaste con el chico del auto amarillo?-una vocecilla emocionada llamó mi atención detrás de mí y me giré para quedar frente a la duendecilla.

-Alice. ¿En qué momento llegaste? No te escuché venir.

-Contéstame por favor-sonrió y me pidió amablemente.

-Sí. Bueno, él es un amigo mío.

-Un amigo tuyo, eh...-no sé porqué de repente sentí que no le interesaba el carro realmente, ni siquiera Luca.

-Sí, eso dije.

-Ya veo. ¿Vives en La Push?

-Así es. ¿Ustedes viven lejos de aquí?-yo también tenía derecho a preguntar, ¿no?

-¿Porqué lo preguntas?

-Los fines de semana no los veo por el pueblo.

-Tampoco es que haya mucho que hacer.

-Entonces salen del pueblo-concluí. Obviamente eran ricos, no trían esos carros tan lujosos por nada.

Cerré mi casillero y me dirigí rápidamente afuera con Alice siguiéndome los pasos.

-¿Sucede algo?-tenía un poco de miedo de quedarme con ella, era como si algo me dijera que había algo más en los Cullen. Y al pensar de esa manera me provocaba un sentimiento siniestro que me costaba ignorar.

-No es nada. También voy a salir.

Me sentí como una idiota ¿por qué no pensé en eso?

-Y-continuó- ¿por qué nos tienes tanto miedo?

-¿Perdón?-la miré estando a centímetros de la puerta de salida.

-¿No lo tienes?

-No es así. Me intrigan.

Sonrió.

-Nos vemos Camille-salió antes que yo, dejándome más confundida aún.

Cuando salí, pensativa, escuche el arrancón de un auto y seguido de ello me crucé con Sarah.

-¿Porqué me dejaste sola con él?-no sonaba del todo molesta pero yo tuve que repetir sus palabras en mi mente varias veces antes de entender o que había dicho.

-Porque pensé que lo querrías así. ¿Me equivoqué?-sonreí.

-No-se sonrojó un poco pero seguía algo enfadada-, pero tampoco se me ocurrió demasiado que decirle ¿sabes? ¿Y a dónde fuiste con él?-preguntó interesada.

-¿Celosa?

-No digas eso.

Reí.

-Cuéntame de qué hablaron-le pedí.

-Bueno. Del auto. En realidad me ha gustado mucho-sonrió.

-¿En serio? A mi no me ha gustado para nada-reí al ver su expresión de pocos amigos-. Sí, son tal para cual ustedes dos.

-Calla-me contestó fastidiada de mis bromas-. Mejor dime de qué hablaron ustedes-me observó interesada. La miré unos instantes antes de contestarle.

-Solamente quería que hiciéramos las paces. O eso supongo. Bueno, eso dijo pero no paso nada.

Me miró confundida.

-Me encuentro igual-le comente. Tenía que descubrir qué cosa se traía Luca entre manos. Y estaba segura de que incluía a los demás chicos. Tal vez podría sacarles algo si volvía a verlos en la Push y estaban dispuestos a cooperar conmigo.

-Sigue gustándome mucho el auto amarillo-Sarah desvió mis pensamientos con una nueva obsesión sobre el auto de Luca-. Aunque yo habría comprado un Porsche, del mismo color.

Sonreí cuando dijo eso y abrí la boca para bromear.

-A ti te pasa algo con los rubios ¿no?

-¿De qué hablas?

-Primero Jasper y ahora el auto.

-Qué graciosa eres Camille. Y a ti te pasa algo con los enojones de cabellos cobrizo, ¿no?-me la devolvió.

-No sé de qué hablas.

-Edward Cullen-especificó en voz alta lo cual me hizo poner los ojos como platos.

-Cállate mujer, se te va a secar la lengua-miré alrededor. Si Alice seguía por ahí seguro le contaba lo que Sarah había dicho a Edward y yo no quería más problemas. Pero los autos de los Cullen no estaban si quiera cerca.

Pero si había salido unos segundos después de Alice. ¿Por qué no había visto el convertible rojo con ella y la rubia despampanante alejándose, o si quiera escuchado, o el Jeep con los chicos?

-¿Sarah, viste a Alice-la duendecilla Cullen- salir del edificio donde me encontraba antes que yo?

Sarah miró hacia las copas de los árboles un momento, memorizando.

-Me parece que no. Pero antes se irse Luca dijo "No puede ser" y se apresuro a subir al auto. Ni siquiera me dijo adiós. Cuando me di vuelta te vi venir.

Me extrañé. ¿Ahora él me iba a evitar? Pero, ¿por qué dijo aquello?

Todo era tan extraño. ¿Quién tenía las respuestas a las preguntas que yo ni siquiera podía formular con exactitud?

Comencé a caminar con Sarah siguiéndome.

-¡Oh si!-Sarah se exaltó sacándome de mis pensamientos con ese susto.

-¡¿Qué demonios te ocurre?!-le reclamé.

-Lo siento, pero sucede que ya recordé porqué te buscaba con tanta prisa.

-Creí que porque te preocupabas por mi.

-Bueno, eso y porque nos han invitado a una fiesta.

-¿A nosotras?

-Así es. Bueno, a todo el instituto en general.

-¿Todo el instituto?-soné solo un poco sorprendida-¿Quiénes y cuando?

-Los Cullen, este viernes.

-Qué raro-llegamos hasta su auto, un Renault Megane Coupe color terracota que su madre le había regalado,  y nos quedamos a un lado, de pie.

-Lo sé, pero al parecer están dispuestos a hacer amigos.

-Tu irás por Jasper.

Me miró con cara de pocos amigos.

-No tienes porque mencionarlo de esa manera.

-¿Qué hay de Luca? Creí que te gustaba.

-Bueno... Ninguno de los dos sabe que me interesa-pensó y luego sonrió de una manera que no me gusto para nada-. Tú podrías invitarlo para que él y yo nos encontremos.

-Ya sabía yo que esa miradita no traía nada bueno.

-Por favor Cammy-luego puso una de esas caritas de cachorro irresistibles para la gente. Aunque no era ternura lo que me provocaba precisamente.

-Deja de hacer el ridículo. Veré que puedo hacer, pero no te prometo nada. Ya viste como están las cosas entre nosotros.

-Me conformo con que lo intentes-sonrió.

-¿Cuál es la dirección?

-¿Perdón? Yo pasaré por ustedes.

-No pienso ir.

-Tienes que ir-aquello me sonó como una orden y a mí no me gustaban las ordenes.

-No-fruncí el ceño.

-Por favor-volvió a poner esa ridícula cara y tuve que desviar mi mirada.

-Ya veremos.

-Iras-sonrió afirmando-, ya verás cómo no me equivoco-no le respondí porque esta sería una discusión inútil. Subimos a su auto y me llevó a casa.

-Me gustaría otro auto y no éste. Me gustó el auto de Luca, aunque quizá en otro modelo.

Reí por su queja, mi amiga cambiaba de temas muy fácilmente.

Holocausto #5 "Secuestro Benéfico"

Sí ya se que me he tardado. Pero en primera no tenía inspiración para ir redactar el borrador y de segunda he estado estresada con lo de la uni, asi que me he puesto a sacar informacion nada más puedo. Y bueno =D siguiente capi. Espero que les guste y sino de todos modos dejen comentario. Es importante para mi sabes su opinión. n.n ¡¡Nos vemos!!

 

Holocausto

"Secuestro Benéfico"

 

Un par de semanas transcurrieron desde la última vez que vi a Luca y la última vez que hable, o más bien discutí, con Edward Cullen.

Sarah y yo éramos como grandes amigas que se conocían de toda la vida. Con ella podía expresarme libremente y platicar de mil cosas. Me alegraba haberla conocido aquel día.

-¡Cuidado!-Sarah grito cuando el balón de voleibol iba directo a mi distraída cabeza.

Muy tarde, el balón dio en el blanco y yo me quejé.

-¿Black, estas bien?-el entrenador pregunto preocupado. O al menos supuse que debía de estarlo.

-Sí, sí-contesté. El golpe me había dejado algo mareada y mi vista no se enfocaba en un punto fijo. Debía esperar un poco antes de seguir jugando, al menos intentarlo; sin embargo tuve que sentarme justo en el lugar donde hacia unos segundos estaba de pie.

-¿Cam, de veras te encuentras bien?-preguntó Sarah acercándose a mí.

-Creo que voy a vomitar-dije en una voz apenas audible, me levanté y salí zigzagueando entre hacia lo baños de las chicas. No quiero entrar en detalle de lo que había desayunado esa mañana.

Luego de jalar la cadena fui hasta los lavabos para enjugarme la boca y acto siguiente tome asiento en una banca junto a los casilleros.

-¿Te encuentras bien?-una aguda vocecilla preguntó y levante la mirada hacia un par de metros de mi, junto a los casilleros. Hubiera jurado que la duendecilla no se encontraba ahí cuando tome asiento.

-Sí, sí. Estoy bien-claramente mentí.

-No me mientas-sonrió divertida y, danzando, se acerco sentarse a mi lado-.Sé que estas mintiendo.

La miré con cara de basilisco.

-¿Qué ocurre?

-¿Perdón? - esta vez pareció confundida y hasta cierto punto frustrada.

-¿Por qué tú te comportas de esta manera y tus hermanos son distantes y fríos?

-No lo son-seguía sonriendo.

Rezaba porque por favor no fuera una chica mimada de esas que se la pasan sonriendo como idiotas todo el día entero, presumiéndose hijas buenas, cool y ejemplares cuando eran todo lo contrario.

-No importa-dije y me levanté. Pero esto no fue buena idea, sentí mareos y casi caí de boca contra uno de los casilleros, pero unas manos frías me atraparon por los brazos. Levante la mirada recorriendo una camiseta blanca hasta encontrarme con un rostro perfecto y unos ojos oscuros que me helaron la piel más aun que lo helado de sus manos. En un impulso me eché para atrás y volví de un sentón a la banca.

-¿Qué haces tú aquí?-dije mirándolo. Se veía igual de molesto que siempre que lo veía en alguna de las clases en las que coincidíamos; pero esta no era el caso, ni siquiera era el lugar para verlo-No puedes estar aquí. Es el vestidor de mujeres.

-A ti no tengo que darte explicaciones-miro a la duendecilla-. Alice, tardas demasiado.

La miré de reojo, parecía seguir sonriendo.

-Lo siento, Edward. Pero la vi entrar muy mal. Se ve tan pálida como nosotros-rió.

-Eso no es de nuestra incumbencia. Vámonos-ordenó y salió.

-No le hagas caso-sonrió-. Por cierto, soy Alice Cullen-me guiño un ojo y salió danzando detrás Edward.

Qué familia más extraña.

Luego de unos minutos Sarah y las demás chicas me alcanzaron en los vestidores. Ella se acercó a mí y me preguntó sobre mi estado, le contesté que ahora estaba bien.

-¿Viste salir a Edward?-pregunté y me levante para cambiarme.

-¿Edward?¿Edward Cullen?-preguntó confundida.

-Sí, estuvo aquí con su hermana. Alice.

-No lo vi en realidad. ¿Estuvo aquí? ¿Qué hacía?

-Buscando a su hermana. Supuestamente.

-¿Crees que estaba aquí por otra razón?

-No lo sé. Solo que esta familia se me hace-pensé un momento-extremadamente rara.

-No eres la única que dice eso.

-¿No?

-¿Cómo explicas que nunca coman nada?

-No comprendo.

-Los hemos visto en la cafetería con las bandejas de llenas de comida intactas.

-La verdad yo no me fijo en eso Sarah.

-Pues yo sí.

-Te sigue atrayendo Jasper-reí mientras terminaba de colocarme los zapatos.

-¿Qué tiene de malo?

-Esta con Alice. Además, a pesar de que parece una chica extraña, ella parece una buena persona.

-Pues a mi no me gusta.

-Lo dices porque es pareja de Jasper. Ya déjalos en paz.

Sarah rodó los ojos y se levanto a cambiarse.

-Nos vemos en un rato-sonreí y salí con mi pequeña maleta en la mano.

Observé al siguiente grupo que se encontraba en deportes. Alice y Edward se encontraban ahí. Él parecía concentrado, enfocando cualquier malestar que tuviera en el golpe que ejercía sobre el balón de voleibol cada vez que era su turno. Por otro lado Alice más bien parecía disfrutar del juego, mostrando una hermosa sonrisita.

Ambos se movían fácilmente entre las gente, era como si se deslizaran suavemente sobre la duela de la cancha, atentos a cada uno de los movimientos del balón.

Tuve que dejar de observarlos porque cada vez todo se volvía más extraño para mi. Me giré hacia uno de mis costados y salí del gimnasio.

El día estaba lleno de nueves grises y extremadamente blancas que predecían lluvias y frío respectivamente.

Tenía clase de Química ahora. Química o Física, no recordaba, pero era una ciencia de algo.

Si no fuera porque necesitaba pasar las materias para poder entrar a la universidad, no me esforzaría por sacar buenas calificaciones.

Me encontraba caminando por la zona externa del instituto cuando escuché un auto que acercarse rápidamente. Miré sobre mi hombro y vi un Lamborghini amarillo que venía a toda velocidad por la calle, entro en el estacionamiento del colegio y se detuvo a unos metros de mi. Los vidrios estaban polarizados así que no sabía quién venía dentro. Entonces la puerta se abrió y una figura alta salió del automóvil.

-Hola Cammy-dijo con una sonrisa como si tratara de sorprenderme- ¿Te gusta mi nuevo auto?

-¿De dónde lo robaste Luca?

-Cálmate, venía hacer las paces contigo-sonrió divertido.

-¿Y me vas a regalar el auto para eso?

-¿Qué? No digas tonterías, esto es mío. Lo compre con lo que he estado ahorrando.

-Claro-no le creí-. En el banco y de dinero de otros.

-Veo que no valió la pena venir hasta acá por ti.

-¡¿Por mi?! Discúlpame pero estoy en horario de clases, no sé qué opines.

-Opino que esta escuela es una...

-Cállate-le ordené.

-Anda, acompáñame; solo unas clases y te traigo a la última.

-No gracias, necesito sacar buenas notas-continué mi camino pero su enorme mano me detuvo por con cuidado pero rápidamente por el codo.

-No me obligues a llevarte Camille-fue un susurro el cual pude escuchar claramente detrás de mi y me hacía imaginarme una sonrisa burlona en sus labios.

-No te atreverás...-hablé molesta y en el mismo tono. Entonces su mano me rodeo por la cintura y como si yo fuera una muñeca de trapo me levanto del piso y me llevó hasta la puerta del copiloto que se abrió de una manera muy extraña cuando apretó uno de los botones del llavero que llevaba en la mano.

-¡Luca!-comencé a gritar fastidiada, exigiendo que me bajara y tratando de soltarme, pero era como luchar contra una pared de cemento.

-¡Ya no seas dramática!-él tampoco sonaba muy feliz.

¡Que horror; estábamos haciendo una escena!

Me metió en el auto y cerró la puerta con seguro que por más que hice por abrir no puede. Él se apresuró a rodear el auto por enfrente y se sentó del lado del conductor, inserto la llave, encendió el motor y dio marcha al auto mientras yo golpeaba su hombro reclamándole que me hubiera llevado a la fuerza.

-Está bien, si quieres bajarte hazlo-la puerta del copiloto se abrió pero el auto seguía en marcha a una gran velocidad, haciendo que mi cabello suelto se moviera en todas direcciones. El miedo provocó que me recargara hacia él y cerrara los ojos ocultando el rostro en su hombro.

-¡Ciérrala!

 Luego escuche un ruido mecánico y la puerta se cerró.

-A ver si así te calmas-dijo él. ¿Cómo podía ser tan cruel?

Me alejé volviendo a mi asiento y mirando por la ventanilla.

-Párate-dije en un hilo de voz.

-¿Qué, ya vas a empezar de nuevo?

-Dije que te pares-alcé un poco la voz.

-Aun puedo abrir la puerta de nuevo.

-¡Que te pares maldita sea!-lo miré furiosa, tratando de ocultar el miedo que tenía. No comprendía porque se estaba comportando así, no comprendía la situación y sentía que el Luca que había conocido alguna vez se había esfumado o tal vez ni siquiera había existido nunca. Este era la cúspide del daño que me hacía y yo no entendía por qué.

Él me miro un momento pero no paró de conducir.

-Quiero que hablemos.

-¡Yo no tengo nada que hablar contigo!-estaba demasiado alterada-¡Quiero que te pares, me dejes bajar y te olvides que alguna vez fuimos amigos!

-¡De eso quiero hablar Camille!-gritó y luego respiró hondo mientras sus manos se aferraban con más fuerza al volante- No quiero olvidarlo.

Aquello me sorprendió pero me calmé. Recargue mi espalda en el asiento y eché la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados. ¿Por qué todo era tan confuso? Algunas lágrimas rodaron por mis mejillas cuando el enojo cedió y le miedo y la confusión ganaron lugar en mi mente

-Oye-rió, ¿recuperando el bueno humor a caso?-, no voy a hacerte daño. ¿Ya no confías en mi?

¿Este chico no entendía? Seguro Luca; un secuestro hace que confíes más en la gente. Y de paso me preguntaba si sería bipolar.

-Es difícil de decir. Todos estos años, te has comportado como un imbécil conmigo y ahora vas al instituto y prácticamente me secuestras.

-Es por una buena causa-se excuso con una sonrisa.

-Buena causa. Claro.

-No llores. Nunca me ha gustado verte triste.

-No estoy triste-levante un poco más la voz de nuevo y me enderecé para mirarlo-. Estoy furiosa y ya sabes que esto pasa cuando me pongo así.

-Entonces cálmate, no hay razón para que lo estés.

-¿No me has escuchado verdad?

-Cammy tengo que contarte un secreto.

Definitivamente iba a explotar. ¿Cómo podía tomarle tan poca importancia a esto?

-Oye-pasé mis manos desesperadamente por mi cabello y luego lo miré-, no me interesa la historia de cómo te robaste este auto, ¿sí? Solo devuélvelo y ya está.

-No es así-sonrió-. Este auto lo compre con mi dinero.

-Si claro.

-En serio. Pero hemos estado distantes y no sabes siquiera en que trabajo.

-¿Y eso es mi culpa?

-No empecemos a pelear de nuevo-se detuvo en la orilla del camino y ambos bajamos del auto. Él rodeo el auto y se quedó frente a mi que me quedé de pie junto a la puerta del auto que repitió el movimiento mecánico para cerrarse como anteriormente.

-¿Vamos a caminar?-me sonrió y señaló con el pulgar por encima de su hombro al bosque que yacía detrás de él.

Lo miré dudosa.

-¿Por favor?

Pensé un momento y emprendí marcha. Él me siguió.

Las hojas se quebraban debajo de mis pies y detrás de mi, donde Luca venía. Nos adentramos en silencio en el bosque. Podía escucha el canto de las aves a nuestro alrededor como si no importara nuestra presencia y al contrario de sentirse amenazados, se sintieran a gusto.

-¿Piensas decirme algo?-hablé aun irritada mientras seguía avanzando.

-Escucha, no te traje aquí para pelear-contestó cansado y hasta cierto punto molesto.

-¿Cómo se que puedo creer en eso? ¿Cómo sé que esto no es parte de una broma tuya en la cual luego saldré lastimada?

No escuché más hojas quebrarse detrás de mi, así que me detuve y me di la vuelta, mirándolo.

-Has caso a esa parte tuya que aún confía en mi-sonó y me miró seriamente.
-¿De verdad me secuestraste para hacer las paces?-pregunté y él se limito a sonreír.

"Holocausto"--#4-"Lu ca"

Al fin tengo escrito otro capítulo. Creo que esto va agarrando mejor rumbo en cuanto a la escritura; o al menos eso espero. xD

Bueno, espero les guste este capítulo y dejen comentarios. =D Sobre la longitud de los capítulos, ¿les gustaría que los acortara? ¿Que les quitara cosas o algo? Diganme por favor, ¡¡sus opiniones son muy importantes!! =D

 

Holocausto

"Luca"

 

Llegamos a la Push e hice que el taxi se detuviera en la entrada de la reserva.

-Ahora vamos a caminar-sonreí mirando a Sarah.

-¿Caminar?-no parecía creerme.

-Claro, no serás una floja, ¿verdad?

-No, claro que no-no sonaba muy segura, pero de todos modos comencé a caminar, esperando que me siguiera.

Bastante tiempo había transcurrido desde que comenzamos a caminar mientras platicábamos sobre cosas triviales. Ahora sabía que Sarah y yo teníamos muchas cosas en común, como que nos gustaba el canto, escribir, leer... los chicos. Aunque ahí entraba el desacuerdo. A ella le gustaban los chicos rubios y a mí los chicos morenos.

Pero las diferencias hacían que la amistad fuera interesante. Había encontrado una amiga.

-¿Y conoces a muchos por aquí?-preguntó para luego contestarse a sí misma-Supongo que si.

-Bueno, conocía.

-¿Cómo que conocías?

-Hace tiempo tenía varios amigos aquí, incluso me llevaba muy bien con mi prima. Pero hace un par de años los chicos se distanciaron y mi prima lo hizo hace algunos meses.

-¿Por qué?

-Eso es lo que a mí me gustaría saber. Créeme, he tratado de contactarlos pero no parecen interesados en mirarme si quiera.

-No te sientas mal.

-Ya no-no demasiado.

Luego del incomodo silencio que se estableció entre nosotras, agradecí que Sarah cambiara de tema.

-No pare que haya mucha gente por el bosque.

-No parece. Tal vez estén por ahí corriendo, transformados en animales-reí.

-¿Qué cosas dices?-río conmigo-No digas tonterías Camille.

-Ya se, ya se. Oye, solo son cuentos de la gente de por aquí.

Sarah se mantenía sonriente.

-¿Cuentos?-y muy interesada.

-Leyendas a decir verdad. Se supone que los Quileutes descienden de los lobos; son como nuestros hermanos y por ello no podemos matarlos.

-¿Tú eres Quileute?

-No exactamente. Soy más bien una mestiza-reí recordando las clases de historia, aunque ahora que recordaba tampoco era muy buena con eso-o algo similar. Mi padre lo es.

-Tu madre no.

-Exacto. Pero nací y crecí aquí; escuchando esas historias y viviendo con esas reglas-sonreí. ¿Reglas? Eso fue un poco estúpido de decir.

-Cuéntame más-me pidió entusiasmada-. ¿De verdad lo hacen? ¿Convertirse en animales?

-Se supone que solo en lobos. Pero yo no conozco ningún caso-me mantenía divertida ante esa plática. Muchos en la reserva se tomaban el tema muy en serio a pesar de ser solo leyendas. Y yo no podía divertirme  si a ellos les parecía mal lo que comentaba.

-¿Y alguna evidencia?-Sarah trataba por cualquier medio de encontrar algún indicio de veracidad para la leyenda.

-¿Por qué tanta curiosidad?-sonreí.

-¡Me encantan estas cosas!

-Ya veo-reí por su frenesí y pensé en qué podría contarle para ayudar a alimentarlo más-. Bueno, dicen que hace ya varios años cuando una familia de fríos regreso a Froks...

-Espera-me interrumpió- ¿qué cosa son los fríos?

-En pocas palabras, son vampiros.

-¡¿Vampiros?!

Reí de la expresión de su rostro. Se sorprendía tan fácilmente con estas cosas. Bueno, supongo que podría estar reafirmando la existencia de estos seres. Por lo tanto, ¿yo no estaría haciendo mal en alimentar esa cabecita suya?

-¡¿Quieres decir que los licántropos y los vampiros existen?!

-¡Oye, recuerda, son solo cuentos!-traté de remediarlo.

-No, no. Cuéntame más.

-No lo haré.

-Oh, sí lo harás-un chico, bueno un hombre de uno ochenta de alto y estructura delgada pero que, al notar lo que se notaba a través de su camiseta, se mantenía ligeramente en forma; de tez similar a la mía; cabello corto y castaño; así como ojos oscuros y una voz masculina, interrumpió a Sarah con una bonita sonrisa antes de que volviera a abrir la boca, dejando a mi amiga pasmada.

-¿Luca?-¿cuánto había pasado desde la última vez que escuché su voz?

-Sí-además se escuchaba bastante animado. Parecía cambiado tanto física como emocionalmente.

-¿Qué esperas niña?-sus brazos se cruzaron a la altura de su pecho. Venía vestido con un pants negro, una camiseta blanca sin mangas y unos tennis que originalmente eran blancos pero ahora se encontraban enlodados por las lluvias de la semana.

-Hablaba de las leyendas-se apresuro a contestar Sarah con una sonrisita coqueta.

-No me digas, ¿tú hablando de leyendas?-comenzó a hablar de manera fanfarrona-Eso se es digno de ver, ¿no?-. No, no había dejado de ser molesto desde la última vez que lo vi.

Aquel día había resultado muy grosero, me dijo que me alejara y que no quería volver a verme porque simplemente no éramos compatibles. Pues ¿qué le pasaba? Ni que le hubiera pedido que fuera mi novio o algo similar. Pensé que se le pasaría la locura y volveríamos a ser amigos como antes, pero me equivoque. Dejo de hablarme totalmente y luego los demás chicos, que en un principio no supieron cómo explicar lo que le ocurría, lo siguieron. Por último Wendy se unió a ellos.

-¿Qué quieres Luca?-contesté algo molesta y decidí ser sincera-Hace casi ya cinco años que no me diriges la palabra y, ahora porque te da la gana, ¿vienes y me hablas de ese modo?

Pensó un momento como si recordara lo que había pasado hace casi cinco años.

-No era mi intención tratarte así-río.

-Claro. Anda Sarah, tenemos que llegar a mi casa o se preocuparan-dije mientras tiraba de su mano para que me siguiera.

-¿No nos vas a presentar?

-No vale la pena Sarah. Anda vámonos-la llevé conmigo a pesar de que ella parecía resistirse. No volteé. Le di la espalda a Luca y no lo miré de nuevo. ¿Por qué tenía que ser así de pedante si de niños habíamos sido como hermanos?

Dejando atrás a Luca, llegamos a mi casa.

-¿Mamá?-dije al entrar mientras Sarah observaba alrededor, al menos hasta que vio a mi madre sonriendo cuando cruzamos hacia la cocina. Sí, era notable que mi madre estaba embarazada y al parecer eso tocaba los corazones de todas las mujeres.

-Hola-dije imitando su gesto-, vine a supervisarte.

-Qué raro-contestó rodando los ojos-. Si tu padre tuviera tiempo libre haría lo mismo.

-Mamá, quiero presentarte a una amiga: Sarah.

Sarah se acerco y estrecho la mano de mi madre.

-Mucho gusto señora.

-Bella-corrigió mi madre-No me gusta que me digan señora-se forzó a sonreír. Podía apostar que tenía que ver con la diferencia de edad entre ella y mi padre.

-Oh, de acuerdo.

-Traje a Sarah para que conociera mi habitación-sí, yo era una ñoña todavía.

Mi madre asintió y Sarah y yo nos dirigimos por el pasillo hasta el fondo para toparnos con una puerta que luego de que la abrí dejo al descubierto un pequeño cuarto decorado con posters de todo tipo de mis grupos favoritos, un par de dibujos que hice cuando pequeña -que por cierto me avergonzaron-. Frente a una silla de escritorio de madera se encontraba un escritorio común del mismo material en el que reposaban mi mp3, una computadora de escritorio y algunos de mis libros favoritos. A un lado yacía un closet no muy grande donde guardaba la ropa justa y necesaria que usaba día a día; mi madre decía que me parecía a ella en ese aspecto, porque ninguna de las dos le veía el caso a ir de compras cada fin de semana por cosas que se usaran una vez en la vida: ¿maquillaje? Eso entraba en el mismo tema.

Mi cama que se encontraba junto a la ventana. En la sabana se hallaba el dibujo de un lobo color chocolate. Leyendas. Recordé en ese instante; sin embargo el lobo era muy bonito.

Todo esto se encontraba cuidadosamente acomodado en ese pequeño espacio. Solo había un espacio entre la cama y el escritorio junto al closet por donde yo podía pasar.

-Y, ¿qué te parece?

Ella sonrió mirando todo, pero deteniéndose en los posters.

-Esto es muy acogedor-se dirigió hacia mi cama, dudando un momento.

-Adelante, siéntate-me mantenía sonriente. Era la primera vez que dejaba que una amiga entrara a mi habitación. Alguien que no fuera de la familia como Wendy.

-Muchas gracias- se sentó y continuó observando. Me senté a su lado siguiendo su mirada, pensando en qué estaría maquinando en su mente acerca de lo que miraba.

-De verdad me gusta mucho tu habitación.

-Eres muy amable-contesté agradecida-. Y bueno, ya sabes qué tipo de música me gusta y conoces mi habitación-reí.

-Ah sí. Solo me queda conocer a tu padre. ¡Ah y a tu hermanita!

-Hermanito-corregí.

-¿Hermanito? ¿Cuántos meses tiene?

-Casi cinco.

-¡Genial! Pronto serás hermana mayor. ¿Qué sientes?

-Ehm... No lo sé. ¿Tú qué sentirías?

-Horrible, yo soy hija única-rió-. Lo último que quiero es un hermanito.

-Vaya. Entonces, ¿por qué te parece tan sensacional que yo vaya a ser hermana mayor?

-Bueno, porque no soy tú. Y tal vez a ti si te gusten los bebés.

-Más o menos, no del todo.

-¿No del todo?

-Requieren muchos cuidados que yo no podría darles.

Se quedó callada un momento y luego se echo a reír. Yo me limité a observarla, no le veía lo gracioso.

-Tú no eres la embarazada, es tu madre.

-Ya lo sé.

-Pues tu mirada dice que te preocupa no poder cuidar bien de ese bebé. Tú vas a ayudar, no a encargarte de él completamente. Tranquilízate-me animó.

-Okey-sonreí.

-¿Y cómo se llamará tu hermanito?

-Jacob.

-¿Jacob, como tú padre?

-Así es.

-¿No te molesta eso de que todos los hombre les ponen su nombre a su hijo?

-No-sonreí divertida por el tema que se había tocado.

-Me pregunto si Luca se llamará igual que su padre.

-Ah... De eso se trataba-reí.

-Me pareció atractivo. Eso no tiene nada de malo.

-Claro que no-me burlé-. Es muy grande para ti.

-Por supuesto que no-contestó muy segura.

-Él cumplirá veinte en unas semana y tu debes tener unos quince o dieciséis.

-Tengo dieciocho.

Eso me dejo pasmada.

-¡Pero si te ves muy joven!

-Ya lo sé. Creo que es algo de familia. Pero no hablemos de mi. Háblame más de Luca-termino mirándome con una sonrisa.

Reí y me eché hacia atrás en la cama.

-¿Luca? De verás no te interesa eh...

-No mucho-sonrió.

-Él es...-pensé.

-No muy social contigo.

-Lo era hace ya muchos años. Su madre y él vinieron a vivir aquí cuando yo tenía diez años. Lo conocí en el colegio. En la secundaria yo no solía juntarme con las chicas, así que nos volvimos buenos amigos y al pasar del tiempo nos volvimos como hermanos. Sus amigos se hicieron los míos hasta que comenzó a comportarse de forma extraña. Comenzó a rehuir de nosotros.

"Muchas veces tratamos de acercarnos pero siempre nos alejo con insultos o miradas de odio. Como si nosotros hubiésemos provocado algo para que él se comportara de esa manera-recordar aquellos tiempos llenos de confusión me entristeció.

-¿Alguna vez supieron lo que le ocurría?

-No. Decidimos dejarlo en paz y por un tiempo todo marchó bien entre nuestro grupo; aunque en lo personal seguía extrañándolo. Luca se volvió como un lobo solitario y comencé a pensar que nuestras leyendas tenían otro significado; algo más que el literal a pesar de que Luca no es originario de aquí. Pero entonces poco a poco me fui quedando sola. Los demás chicos siguieron a Luca y por alguna tonta razón se comportaban de la misma manera.

"Los padres no parecieron prestar atención. Seguramente pensaron que era una especie de etapa por la que todo adolescente cruza a los quince años-porque esa era otra casualidad. Todos habían comenzado a comportarse extraños desde los quince años. ¿Sería cosa de hombres? No. ¿Qué pasaba con Wendy?

-Extraño-Sarah repitió una palabra que no paraba de pronunciar mi cabeza cada vez que retomaba el tema.

-Lo sé.

-¿Por qué crees que él sea así?

Pensé un momento aquella cuestión a la que le había buscado una explicación mil veces antes.

-¿Tal vez problemas familiares?-Sarah trató de ayudarme.

-Lo dudo. La única familia que tiene es su madre; al menos la pariente que yo le conozco.

-¿Qué paso con su padre?

-Luca siempre prefirió dejar ese tema. Así que realmente no sé quién es su padre.

-No has pensado que seguramente tenga que ver con él.

-Seguramente.

-Pero si él no quiere hablar no tienes porque meterte.

-Lo sé. Lo que me molesta es que, a pesar de que él y lo chicos se distanciaron de mi, comenzaron a molestarme nada más tenían oportunidad.

-¿Por qué? ¿Les hiciste algo?

-No.

-Entones no hay razón. Deberías enfrentarlos-estaba segura que Sarah no dejaría que ningún chico la trata mal, por más guapo que le pareciese. Es más, ninguna persona. Admiraba aquello; sin embargo yo era más cobarde y mis palabras se volvían gelatina cuando las decía.

Bueno, no del todo. Recordé el enfrentamiento con Edward Cullen.

-Es complicado. Los conozco. No es tan fácil alejarlos.

-Tengo muchas cosas que enseñarte ¿eh?-pregunto con una sonrisa divertida.

-Probablemente Sarah-sonreí de la misma manera.

"Holocausto"--#3-"Nu eva Amistad"

Jeje.. Bueno este aquí esta el siguiente capi n.n ¡¡¡MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS Y POR SEGUIRSE PASANDO!!! Despues de eso no hay mucho q decir. xP ¡Nos vemos y espero q sigan por aquí!  n.n

 

Holocausto

"Nueva Amistad"

 

El resto del camino hacia casa el abuelo había estado callado, pensando, y yo lo había imitado.

-Abuelo-dije cuando llegamos.

-Dime Cammy-habló al estacionar el auto y luego bajó. Lo seguí.

-¿Quién es Edward Cullen?

-No es nadie Cammy.

No es nadie, claro.

-Abue, pareces muy preocupado como para que no sea nadie.

-Es alguien que creí haber visto antes, tal vez me equivoco y ya imagino cosas.

Lo dudaba.

-¿Puedo saber a dónde fuiste el otro día?

-¿Yo? No sé de qué hablas.

-Saliste.

-Ah, eso-pensó y al igual que mi madre mi abuelo no sabía mentir-. Fui a vigilar una zona en el bosque.

-Claro.

El abuelo no habló más de eso y yo no busque que me diera más información. Comenzaba a ser muy aburrido esto de las investigaciones sobre cosas que no me interesaban en realidad y ni siquiera me concernía.

Subí a mi habitación y comencé hacer mi tarea. Recordé lo que sucedió en el colegio, a los chicos que escuché ahí. Recordaba lo hermosos que eran, su conversación y la horrible mirada que me habían manifestado.

Algo vino a mi mente. Dieciocho años para ser exactos, dijo la duendecilla.

¿No creen que alguien podría reconocernos?, dijo la rubia.

Eso no era normal, como podría reconocerlos alguien luego de dieciocho años de ausencia; sin mencionar que ellos apenas parecían llegar a los veinte. ¿Qué era lo que temían exactamente? ¿Qué incomodaba a la rubia?

 

Había tomando un bol de verduras con un poco de aderezo y un jugo de manzana, todo se encontraba en una bandeja en mis manos.

La cafetería se encontraba asaltada como los días anteriores; sin embargo, esta vez mi mesa también se encontraba invadida. El grupito de cinco modelos había decidido adueñarse de mi lugar en la cafetería, el único lugar que me proporcionaba aislamientos en ese reclusorio.

No hablaban, se encontraban desviando sus miradas, observando alrededor sin dar importancia a algún detalle en específico.

Tome airé y me acerque lentamente hacia ellos. Noté que habían captado la atención de varias personas alrededor con su belleza y otros tantos me miraban curiosos de notar que me acercaba a ellos como sin nada.

-Ehm-comencé-hola.

Sentí que toda la cafetería se había quedado en silencio, a la espera de la escena que se estaba llevando a cabo entre los supermodelos y yo.

-¿Qué es lo que deseas?-la rubia habló despectivamente, mirándome de arriba a abajo. Me molestó.

-Esta es mi mesa.

-¿Tú mesa?-el fortachón hablo con una sonrisa, respaldando la actitud de la rubia.

-Sí-hable entre dientes, un poco irritada-, mi mesa. ¿Podrían retirarse?

-¿Y dónde crees que vamos a tomar asiento?-volvió a hablar la rubia.

-¡Ese no es mi problema, solo quítense de aquí!- En ese momento el chico de cabello cobrizo y mirada fría se levanto dejando claro que era bastante más alto que yo; aunque no tanto como mi padre. Pero mi padre no estaba ahí, ¿verdad?

-No vamos a movernos. Vete tú a otro lado-era increíble creer que me lo ordenara la hermosa voz de que aquella vez.

Sin ganas de meterme en problemas por haber pelado con algún compañero y, seguramente, un buen beneficiario para el colegio, lo miré fastidiada y segundos después me di media vuelta para dirigirme afuera.

Mientras atravesaba la cafetería noté que muchos allí presentes me miraban tanto sorprendidos como con una sonrisa burlona por haberme atrevido a hablarles a los que seguramente serían los más populares del colegio en pocos días junto con todos lo de más arriba en la pirámide de popularidad.

Llegue hasta las mismas bancas del pasado día, coloque la bandeja sobre la mesa y me senté.

¡Bravo Camille!

Debí revisar la banca antes de sentarme. Estaba mojada. Me levante rápidamente y me miré el trasero como pude. Mis jeans terminaron empapados en esa zona. Suspiré cansada. Nada me salía bien hoy.

-¿Estás bien?-la voz de una chica habló detrás de mí.

-¿Perdón?-la miré. Era una chica de mi estatura, de tez muy blanca, ojos castaños y cabello negro, corto y de un peinado moderno en lacio.

-Preguntaba si te encontrabas bien, pero creo que no fue la mejor pregunta-miro mis pantalones y soltó una risita.

-No es gracioso-aunque yo misma reí luego de eso.

-No, seguro que no-sonrió-. Soy Sarah.

-Hola-sonreí-, soy Camille.

-Es un placer-me ayudo con mi mochila para que yo pudiera limpiar mi trasero con una de las servilletas que traía, aunque no hizo mucha diferencia-. Creo que tu mochila también se mojó un poco.

-No es mi día-me quejé con otro suspiro.

-¿No lo es? Me has conocido, ¿te parece poco?

Era una chica muy divertida.

-Tienes razón-sonreí-. Debí tomar eso en cuenta.

Tome mi mochila cuando acabe de limpiarme y ella hizo el inmenso favor de hacer lo mismo con mi mochila.

-Muchas gracias Sarah.

-No hay cuidado-también era una chica muy amable-. Y ¿qué haces aquí? Además de mojar tu trasero-río de nuevo.

-Me corrieron de mi mesa-sonreí.

-¿Tú mesa?-pensó un momento-¿Eres la chica nueva que se mantiene alejada de todos los demás?

Buena descripción.

-Sí, esa misma.

-¿Por qué?

La miré confundida mientras tomaba mi bandeja y caminaba lentamente hacia el colegio, esperándola.

-¿Por qué te sitias?

-No lo hago-claramente mentí.

-Nunca te he visto con otros.

-Yo...-no continué hablando, después de eso era obvio que no me iba a creer lo que le dijera.

-Bueno, ahora puedes tener una amiga-sonrió.

-Eres muy amable, pero-dude un momento-no sé...

-No pierdes nada. Anda, conóceme al menos y después decidirás si podemos ser amigas.

Sonreí, después de todo vendría siendo mi nueva amiga en mucho tiempo.

-De acuerdo-sonreí.

-¿Te puedo preguntar algo?-sonrío divertida una vez estuvimos de vuelta en la cafetería y miró hacia mi antigua mesa-¿Hablaste con el rubio?-una sonrisita nerviosa apareció en su rostro. Yo sonreí.

-¿Discúlpame?

-Es lindo y te vi cuando hablaste con ellos.

-Ya veo, estabas aquí.

-Sí, algo así.

Reí.

-Lo siento, no hablé con el rubio. Más bien la Barbie habló conmigo y el de cabello despeinado me mando muy lejos de ahí-miré por el rabillo del ojo hacia la mesa. Él estaba observándome y parecía confundido.

A comparación de Sarah, yo era discreta.

-Pues creo que es muy lindo-dijo-, pero parece que esa chica es su pareja ¿no crees?-se escuchó desanimada.

La miré. Estaba observando directamente hacia ellos, específicamente hacía el rubio mientras la duendecilla sonreía divertida y le rizaba los cabellos. Como si escuchara lo que estaba diciendo Sarah a pesar de la distancia de varios metros entre ellos y nosotras.

-Tú mereces algo más que un supermodelo que no sabe más que eso, modelar.

Me sonrió.

-Gracias por el intento.

-Conseguirás a alguien mejor-sonreí-de veras.

-Sí-no sonaba muy convencida-. ¿Por qué no me dices que clase te toca ahora?

Pensé tratando de recordar mi horario.

-Me parece que matemáticas-dije con desgano pero ella río. Pareció recuperarse de la desilusión en un momento.

-Anda, te acompaño-se ofreció y apresuro a alejarse de la cafetería conmigo siguiéndole los pasos mientras seguía sintiendo esa mirada pesada y fría sobre mi espalda.

 

El resto de las clases fueron normales e incluso en algunas me tocó la suerte de tener a Sarah a mi lado.

Invité a Sarah a casa del abuelo sin objeción alguna de este último que se mostró interesado, una vez más, en saber sobre el tal Edward Cullen.

-Es él-me dijo cuando salíamos del estacionamiento, mirando hacia el mismo chico de la hermosa voz. Entonces supe quién era él. Si es que ese era su nombre y mi abuelo no se equivocaba.

-Abuelo, él no es de importancia. Es un patán-se me heló la piel cuando a metros de distancia Edward miró hacia la patrulla fríamente como si lo que yo hubiese dicho se lo hubiera gritado en la cara.

-¿Te ha hecho algo?-sonaba molesto.

-No en realidad-mentí muy bien afortunadamente-. Abuelo, ¿cómo es que lo conoces?

Pensé que el abuelo podría estar confundiéndolo con alguien más de su pasado.

-De hace tiempo ya-sonó misterioso, lo cual me confundió; pero con visitas presentes era mejor dejar el tema.

-De acuerdo.

Llegamos a casa del abuelo y subimos a mi habitación.

-¿Qué quisiste decirle a tu abuelo?

-Nada, creo ni siquiera yo misma se de lo que le estaba hablando ni de lo que él está hablando. Últimamente todo está muy raro.

-¿Y vas a contarme?

Sonreí.

-¿Debería?

-Somos amigas, ¿no?

Cierto, tenía razón. Por fin tenía una amiga en el colegio. Bueno, era una avancé, ¿no? No obstante era algo que aun no me quedaba claro y prefería guardármelo un momento más.

-Mejor dime, ¿cómo fue que te interesaste en el rubio?-sonreí y me senté al lado de ella en la cama.

-Se llama Jasper. Técnicamente su apellido es Hale pero es parte de los Cullen-se emocionó con la pregunta-. Desafortunadamente Alice Cullen es su pareja.

-Ya veo.

-Solo dices eso-rió.

-Quiero decir que no te estanques con él.

-No lo haré, lo prometo.

Sonreí.

-Claro. Oye, ¿has ido a la Push alguna vez?

Ella negó, mirándome interesada. Yo me sorprendí. ¿Es que esa chica no era de Forks? Todo el mundo en el pueblo había ido alguna vez a la Push. Sarah no parecía si quiera enterada del lugar donde se encontraba la reserva.

-¿Eres de aquí Sarah?

-No exactamente. Nací aquí, pero pocos años luego de mi nacimiento mi padre obtuvo un mejor trabajo en Los Angeles y nos mudamos allá. Vivimos ahí hasta hace un año que volvimos aquí.

-¡Wow, eso suena genial!

Ella sonrió.

-Me gusta mucho la música. ¿Qué tal a ti Camille?

-Bueno yo...-pensé-¿Te gustaría ver mi habitación?

-¿No es esta?

-No, esta es la habitación que mi madre tuvo hace tiempo, aquí en casa de mi abuelo. La mía está en mi casa-sonreí y salí esperado que me siguiera. No tarde en escucharla detrás de mi.

-¡Abuelo!-grite mientras iba hacía a puerta principal-Vamos a la Push. Regresaré a cenar con mis padres.

-Les diré que vas para allá-me aviso muy tranquilo mirando la televisión.

-¡De acuerdo!

Ambas salimos en taxi hacia la Push. Tan pocos días habían pasado desde la última vez que había dejado de pasear por las tardes en la reserva y ya tenía la necesidad de volver.

"Holocausto"--#2-"¿ Quién es él?"

Mis capítulos son unos monstruos xD

Sale pues, les dejo otro capítulo. ¡Muchas gracias a quienes se han pasado!

Seguiré escribiendo. Afotunadamente mañana ya es viernes y tendré tiempo de hacerlo. Ahora mismo lo estoy haciendo, sin embargo ya estoy cansada de mis ojos. Je je je. En fin. Nos vemos luego de acuerdo?

 

Holocausto

"¿Quién es él?"

 

Sue Clearwater había llegado a casa del abuelo Charlie temprano para hacer la cena. Sí, tenía llave. Ella y el abuelo mantenían una relación especial. Yo siempre había pensado que sería mejor que contrajeran nupcias pero no... El abuelo al parecer no quería echarla a perder como lo había hecho con mi abuela Renee que ahora vivía felizmente con mi abuelo Phil. Como fuera, Sue siempre me había tratado como a una de sus nietas a pesar de que ella misma tenía tres nietas y dos nietos.

Sí, estaba rodeada de abuelitos míos por doquier y todos eran de lo mejor conmigo; al menos hasta que supieron que iba a tener un hermanito.

-No irán a ponerle al niño Jacob, ¿verdad?-pregunto mi abuelo mientras Sue le servía un poco más de pescado que él mismo había obtenido y después se sentaba a su lado para continuar con su plato.

-Papá-reclamó mi madre.

-Siempre he dejado que Bella decida por el nombre de los niños-sonrió mi padre mientras se atascaba con la cena.

-Y por eso Camille tiene es nombre tan...

-¡Papá!-mi madre se exaltó y yo reí. En realidad me hubiera gustado saber qué cosa quería decir mi abuelo sobre mi nombre; no era que me desagradara, sin embargo tampoco me parecía el nombre más hermoso del mundo. Tenía muchas variantes y el mundo me llamaba como le pareciera mejor: Cam, Cammy, Illy. Aunque ese último pocos lo utilizaban.

-Cam-como me decía mi madre-, ¿quieres más puré?

¡Oh sí, amaba el puré de patatas!

-No gracias mamá-pero también tenía una dieta estricta. Ver a mamá con el estómago de tres meses y medio me provocaba terror. ¿Y si un día me ponía así solo por comer de más?

-De acuerdo.

-Pero si quieres más no dudes en pedírmelo Cammy- Sue siempre tan dulce.

Le guiñé un ojo y sonreí.

- ¿Puedo retirarme a ver la televisión?-mi madre rodó los ojos cuando le dije eso. Ella se quejaba de que en ese aspecto me parecía mucho a mi abuelo.

-Observa cómo avanza el futbol americano y en un momento te alcanzo-contesto mi abuelo. Asentí riendo, tome mi plato y lo llevé a la cocina. En realidad el abuelo no desvariaba, gustaba de burlarse de su edad y, aunque a mi madre le desesperara, a todos realmente nos parecía divertido.

Deje correr el agua sobre el plato una vez lo coloque en el fregadero. La tubería de la casa solía hacer algunos ruidos por lo vieja que estaba y eso, pensaba yo, era un poco peligroso. En cualquier momento la tubería podría romperse; pero el abuelo era muy sentimental y no quería mudarse cuando mi padre se lo ofreció varias veces antes. Cerré la llave y escuche que en el comedor continuaba hablando.

-Te juro que lo vi Bella-dijo mi abuelo.

-Debió ser tu imaginación papá-mi madre no sonaba muy convencida de lo que decía.

-No fue mi imaginación.

-Por favor, a veces dices incoherencias.

-Sabes bien que juego en esos casos. No estoy delirando. Lo vi, ahí estaba de carne y hueso, mirando hacia la patrulla.

¿De quién demonios estaban hablando?

-En fin-mi madre desistió-. Tal vez a quien viste fue a otra persona parecida que confundiste con él.

¿Él?, me pregunte.

-Tal vez tengas razón-mi abuelo meditaba-. Ya no veo muy bien desde hace tiempo.

-Exacto-mi madre pareció aferrarse a eso.

Que desesperación sentí en aquel momento. Si me hubiera quedado en la mesa un poco más de tiempo habría escuchado del asunto por completo... sin mencionar que habría comido una cucharada más del delicioso puré de patatas de Sue.  

 

Cuando los cuatro terminaron la cena, el abuelo se me unió a ver la televisión. Aunque olvide mirar los números del marcador de americano, mi abuelo no podía enojarse conmigo; incluso soporto que miráramos la película de Titánic.

Para cuando terminó, mi madre se había quedado dormida en el sofá junto a mi padre y Sue con el brazo de mi abuelo sobre sus hombros.

-Vámonos Cammy-mi padre habló en un susurro. Luego se ofreció a llevar a Sue arriba, a la recamará de mi abuelo, pero él estaba seguro de que despertaría en unos minutos; así que mi padre tomo a mi madre en brazos y fuimos al auto. Me sorprendía ver lo fácil que le resultaba a papá cargar a mamá con ese bebé adicional; bueno, no era que mi madre fuera obesa, en realidad siempre había tenido una sana figura, sin mencionar que papá también era un hombre bastante fuerte. Se le notaba a simple vista.

Dejamos que ella fuera dormida en el asiento trasero mientras mi  padre conducía y yo me encontraba mirando por la ventana en el asiento del copiloto, en silencio.

-¿Qué te ocurre?-preguntó mi padre.

-Nada, estoy algo cansada.

No dijo nada, pero sentí que se preocupó.

-¿A ti te ocurre algo?

-No, no es nada.

Reí.

-Papi, ¿puedo preguntarte algo?

-Por supuesto Cammy.

-¿De qué hablaban a la hora del cena? Quiero decir, cuando yo salí del comedor.

Su rostro no reflejó expresión alguna, pero yo sabía que estaba pensando con cuidado lo que debía responder.

-De cosas que alteran a tu madre. Cosas del pasado.

-Ya veo-significaba que no debía mencionarlo. Bien hecho papá, me intrigaste más pero lograste tu cometido.

-¿Y conociste a alguien nuevo en el instituto?-esa pregunta me hizo pensar que más que curiosidad se estaba asegurando de algo.

-No en realidad-dije con toda naturalidad, no había conocido a nadie, incluso había imaginado voces.

-Bueno, seguramente no tardaras en hacer amigas con tus mismos gustos.

¿Mis mismos gustos? Todo se estaba tornando más confuso para mi y pensé que probablemente sí se debía al cansancio del primer día, así que lo dejé pasar.

-Sí, seguramente sí- ¿qué había querido decir mi loco padre con eso?

 

El siguiente día en el instituto volvió a ser tan emocionante como el anterior. Sarcásticamente, claro.

Volvía a encontrarme en la cafetería atestada de divertidos estudiantes que no hacían más que bromear y hablar entre ellos. Aunque también existía el típico grupo de chicas que no comían nada y se la pasaban observando a los chicos que pasaban por ahí bromeando, empujándose y tratando de captar la atención de cualquier chica que quisiera pasar una noche con él... o ellos. De eso no había duda.

Extrañaba a mis amigos de la escuela en la reservación. No eran muchos en realidad pero al menos sabía que no eran unos patanes. O eso creía. Luca y los chicos había comenzando a comportarse raros desde sus quinces. Se habían alejado de mi y sus cuerpos habían cambiado; incluso se había  cortado el cabello como si fueran una banda de pandilleros. Pero eso había sido hace años ya y el cabello les había vuelto a crecer; sin embargo lo mantenían corto.  Antes de que yo partiera hacia este lugar ni siquiera se dignaron a desearme suerte o algo por el estilo. ¿Qué les habría ocurrido a mis amigos?

En cuanto a chicas, solo tenía una amiga: Wendy, mi prima. Pero pronto se unió a los pandilleros... No, ella no se corto el cabello, sin embargo sí se había alejado de mi. Por otro lado esto había ocurrido hacía unas semanas luego del quinceavo cumpleaños de Wendy. Me preguntaba si era una moda que me había perdido o algo por el estilo. Pero como fuera, ni tío Paul ni tía Rachel hicieron algo por vigilar a su hija rebelde.

Para cuando me di cuenta el receso terminó y yo había vuelto a quedarme sola. Solté un cansado suspiro y, sin preocuparme en lo absoluto por lo que sucedería si llegaba tarde a clase de biología, me encamine por el largo pasillo exterior del colegio.

Pensaba como es que ahora que no me encontraba en casa, más que para desayunar, cenar y dormir, comenzaba a preocuparme todo lo que ocurría en mi ausencia.

-Eres tan molesta-esa era la misma voz que llamó mi atención el otro día.

-No soy molesta, soy realista. No debimos haber vuelto-aseguraba la voz de una chica.

-Qué más da eso, divirtámonos de nuevo como lo hicimos ya hace tiempo-la voz divertida de un hombre joven quería persuadirla.

-Dieciocho años para ser exactos-aquella fue una joven de voz aguda que luego procedió a reír.

-Y precisamente por eso no debimos volver, ¿no creen que alguien podría reconocernos?-la primera joven volvió a hablar. ¿Cómo que reconocerlos?

Di la vuelta por el pasillo y vi a un grupo de cinco chicos, tres que parecían de universidad y dos que eran de mi misma edad. Pero no los había visto antes, ni siquiera en la cafetería. Bueno yo qué podía saber si siempre me perdía en mi mente y además apenas llevaba dos días de colegio.

Fue entonces que me sentí como una indeseada. Los chicos se quedaron callados y todos me observaron con lo que yo podía interpretar como asco.

Observándolos bien me di cuenta de que eran personas hermosas. Había una rubia de cabello largo que seguramente era una modelo por su escultural cuerpo. A su lado un fortachón del tamaño de un oso de cabello negro y que seguramente era muy simpático, con los que él quería serlo, claro. Le seguía una chica pequeña como un duende, de cabello alborotado a su estilo y de color negro; algo me decía que ella podría ser muy amigable si se lo proponía. Con ella estaba un rubio que le sacaba un buen tramo, sin embargo este parecía bastante reservado a comparación de la duendecilla. Al final se encontraba un chico de cabello cobrizo y mirada vacía. Todos tenían piel color de la cal y osos opacos. Pero un no me explicaba por qué me miraban así; tal vez no gustaban de la gente imperfecta como yo.

Pues no me interesan. Me apresuré a atravesar el pasillo, dejarlos atrás y llegar a biología.

 

Al finalizar las clases salí rápidamente del colegio ha esperar al abuelo que llegó más temprano que el día anterior. Parecía curioso porque buscaba hacia mis espaldas.

Subí al auto y aun estaba mirando en dirección por donde yo había llegado.

-Abuelo, ¿qué estas mirando?-seguí la dirección de su mirada hacia el estacionamiento.

-Deben estar por aquí seguramente-dijo hablando solo.

-Abuelo-dije algo cansada del juego-yo estoy aquí, ¿sabes?

-Hola Cammy-pero su mirada siguió ignorándome.

-¿Qué o a quién buscas?

No hubo respuesta. Simplemente su mirada se quedó fija en un sitio y sus ojos se abrieron como platos por un instante. En ese momento seguí la dirección de su mirada pero él hizo avanzar el auto y mientras yo buscaba lo que él había encontrado se frenó y yo casi choco con el tablero del auto.

-Ya te he dicho que te coloques el cinturón Cammy. Da el ejemplo.

Lo observe confundida un momento por su cambio tan repentino de actitud y volví la vista por la ventanilla mientras mis manos buscaban el cinturón para asegurarlo. Luego de eso el abuelo volvió a avanzar y el instituto se perdió de vista en poco tiempo.

-Sí, era él-dijo seguro y de nuevo hablando solo.

-¿Vas a contarme de quién hablas?-me escuché molesta.

-Cullen-dijo simplemente.

-¿Quién?-¿Cullen?

-El era Edward Cullen-dijo.

-¿Quién es Edward Cullen?-Me cansaba esto.

Page: 1 2

Unwritten

Sobre mi

Poco hay que decir de mi como una persona física, pero como espíritu puedo describir mucho y nunca terminaría; sin embargo, para lo que fue creado este blog mío, fue para escribir. Así que les diré simplemente: Amo escribir, amo los libros y lo que pueda percibir; está demás que les diga que amo leer así que les dejo este poema que encontré y amé.

 

POEMA AL LIBRO

A ti, hermoso libro
de mis noches compañero,
y de muchos un amigo,
a tí, que abres deseos
para un mundo escondido
que entre tus páginas, como un sueño,
nace con el ritmo
de quien nuevos senderos
abre con su ilusión y cariño.
A tí, que siembras en los niños
semillas de esperanza
para abrir nuevos caminos
que todas las fronteras traspasan
y llevan a buen destino
todo lo que tus páginas cantan.
A ti, libro sencillo
que abres tu ventana
a los ojos de quien siente muy vivo
todo lo que tus hojas plasman:
tesoros escondidos,
amores y desamores eternos,
estrellasy planetas perdidos,
personajes y sueños
que nos tienen en vilo.
No lo dudes, hazte compañero
de tu amigo el libro.
Jesús Pascual